Él estaba sentado en el suelo, como cada tarde. Medir escasamente ochenta centímetros te permite obtener una perspectiva muy particular de la vida, y más aún si estás sentado en el suelo. Al poco rato María, la vecina de al lado, salió de su casa y se dispuso, con paso un poco precipitado, a cruzar al otro lado de la calle buscando la parada de autobús. Los tacones marcaban un ritmo de paso ligero militar, y la linea trasera de las medias indicaba un camino oscilante que se perdía en los pliegues de su falda marrón. Tenía las suelas gastadas, pero la piel del zapato brillaban como nuevos. El olor que dejaba a su paso le hizo pensar que tendría algún encuentro especial. Él estaba acostumbrado a jugar con ella y siempre tenía ese olor tan característico a jabón y piel joven que ahora aparecía cubierto por una delgada capa de azahar y jazmín.
De repente, un gato se cruzó en su camino y le hizo cambiar la perspectiva como si fuera una toma de acción en una película de sábado por la tarde. El lomo oscuro con manchas blancas se contorneaba armónico, felino, sutil. Una mirada atrás fue suficiente para que acelerara su ritmo y desapareciera por el portal con un salto tan espectacular como aparentemente falto de esfuerzo por su parte. ¡Quién fuera gato en algunas ocasiones! Se levantó pensando en esto cuando sintió que todo su mundo se volvía del revés, pero no era el mundo, era él. Tanta distracción le hizo olvidar el hueco de la alcantarilla que permanecía abierta desde las últimas lluvias, y sólo pudo acertar a percibir, casi a cámara lenta, el gesto de horror de María desde el otro lado de la calle y el de cierta satisfacción del gato desde la encimera de la cocina, asomando por la ventana. Mas tarde, con los ojos cerrados, sintiendo el dolor en su cuerpo y la vergüenza en el alma, imaginaba que el pelo de maría rozaba su nariz como tantas otras veces, mientras sus dedos largos y finos le hacían esas cosquillas que tanto le gustaban.¿el gato?... nadie se acuerda de un gato en esos momentos. Con los ojos entreabiertos miraba de lado a ver si María se decidía a cruzar la calle de nuevo y hacer ese sueño realidad, pero el chirriar de los frenos de un autobús de línea le hizo entender que ese día tenía más en común con el gato que con María. Él también tendría que lamer sólo sus heridas.
Mostrando entradas con la etiqueta cuento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuento. Mostrar todas las entradas
viernes, 23 de marzo de 2012
jueves, 28 de julio de 2011
...Siip y sus sueños
![]() |
| Nuut también le decía que los sueños se pueden hacer realidad |
Siip pensaba que todo era una invención de los mayores. Que los sueños, aunque siempre te dan la oportunidad de enseñarte grandes lecciones para la vida, no podrían hacerse realidad. Le extrañaba que su amiga Nuut se lo dijera también, además él siempre reconocía cuando ella le gastaba bromas porque sus ojos brillaban de una manera diferente, y al final, tras ver la cara de desconcierto que le provocaban, acababa diciéndole la verdad. Pero esta vez no brillaban los ojos, sólo parpadeaban de vez en cuando mostrando esas largas pestañas de cola de pavo real. Pero no podía ser verdad. Él en sueños había volado, peleado con dragones, participado en batallas, descendido a los fondos marinos, disfrutado de una vida de estrella de cine y televisión…. No podía ser verdad. Sabía que no era verdad.
Un día le sorprendió verse en la portada de un cuento…o él pensaba que era él. El protagonista también se llamaba Siip y tenía una vida similar. Incluso los dibujos realizados por una tal Teresa tenían un sorprendente parecido con él y sus amigos. Cuando aquello le pasó, miró a su madre y ella no pareció sorprenderse. Sólo le dijo “vaya, ¡que coincidencia!”. La frase perfecta para que él dejara de preguntar, pero no para que su cabeza dejara de dar vueltas intentando encontrar algo más razonable que una simple casualidad; pero no hubo manera.
Eso fue extraño, pero hoy el día había comenzado con su padre en el coche diciéndole que esa noche habría cine familiar, y eso era casi tan extraño como lo del cuento. Nunca iban al cine los jueves. El viernes había que madrugar y si a la habitual pereza de Siip se unía una noche de cine, la mañana siguiente era toda una odisea hacerlo despegar de las almohadas. Pero su padre le dijo que estrenaban una película muy especial.
El día paso rápido y todos fueron encaminándose al cine, mientras Siip pensaba que si los sueños se cumplieran, él podría ir volando y así no tendría que aguantar las travesuras de su hermana, haciéndole cosquillas con una pajita de la Coca-Cola entre los dedos de los pies. Pero allí, amarrado en el coche, no tenía superfuerza para romper el cinturón y abrir un agujero en el techo… ¡y además eso le haría ganarse una buena bronca de sus padres!
En la puerta del cine había mucha cola y cientos de niños agolpados con sus padres. Parece que había un estreno de dibujos animados que habían levantado mucha expectación en el pueblo. Mientras esperaba, Siip pensaba lo genial que sería convertirse en actor, eso no podía ser tan difícil como volar y también permite vivir miles de aventuras diferentes, convirtiendo muchos de los sueños en realidad. La cola fue entrando lentamente, y justo cuando giraban hacia la taquilla había una imagen de cartón frente a ellos. Un chico moreno, con gafas, y una pose divertida lo miraba fijamente. El corazón le dio un vuelco y a duras penas consiguió leer bajo la imagen: Gran Estreno “Siip y los secretos de la vida”.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
