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miércoles, 6 de junio de 2012

... Vida sin recompensa

Hacia calor en aquella ciudad, en aquel barrio, en aquella habitación. El sudor transitaba por su frente y el humo del tabaco disfrazaba las gotas con una densa niebla. Humo y más calor aún. La garganta seca y poca agua...y demasiado alcohol. Una noche de esas donde él se obligaba a escribir, o más bien a deambular por delante de aquella vieja máquina, esperando que una fuerza sobrenatural comience a impulsar los dedos hacia la tecla adecuada.
El marco con la foto de ella aún quedaba cerca, pero esos ojos azules y ese vestido rojo miraban hacia la pared. No se atrevía a guardarlo en el cajón, por si fuera cierto aquello de que los tesoros más valiosos son aquellos que al guardar, al dejarlos de disfrutar, pierden todo su valor. Tampoco podía mirarla cara a cara.... todavía no.
Recordaba buenos tiempo, entre calada y calada, y se preguntaba por qué si recordaba lo bueno le venía un sabor tan amargo. Era el gusto de lo perdido, de ese caramelo deseado que nunca llega tras el postre, de ese helado que termina en el momento que más lo saboreas, de ese amor destrozado por un sueño.
Noche de sombras y humedad. Oscuridad sin misterio, madrugada sin hadas. Dolor perenne mientras la efímera vida de un cigarro se agota. Vida sin recompensa.

fotografia de  sociedadpoetasanonimos.blogspot.com


miércoles, 11 de abril de 2012

...buscandole un sentido

No sé qué sientes.. solo sé que no es lo que te gustaría sentir. La vida se empeña en ponernos a prueba mientras las personas nos empeñamos en decir que todo sucede por una causa. ¿Es que la causa final es simplemente pasar pruebas? Y entonces: ¿quién dejar de vivir? ¿aquel que no se atreve a pasarlas? ¿aquel que desde el principio buscó la salida más fácil para evitar encontrarse con ellas...aunque eso sea totalmente imposible?

Pues no. Nadie se libra. Todos estamos obligados a vivir. Es sólo que nuestro corazón es el que nos da la vida y también el dolor. No vivimos por el corazón de otro, ni tampoco sufrimos al mismo nivel que éste pueda sufrir, aunque lo queramos con locura. Quizá por fortuna, por la fortuna de no acumular corazones y pruebas y sufrimientos, quizá un respiro que nos dieron... vivir solamente una vida, y no la de los demás,  por muchas pruebas únicas que nos tenga reservada.

El corazón sigue latiendo y nosotros decidimos. El dolor es imposible de evitar cuando viene, pero sí podemos evitar el sufrimiento. Sufrir es atender a un dolor y tratar de buscarle su sentido. Es como mirar a los ojos de un niño y pretender conocer lo que piensa. Sufrir es una opción. Optemos por no sufrir.

Todo parece tan similar, pero es tan diferente. Yo sólo sé que tengo la solución para hoy. Para mañana... quizá también. Para pasado mañana.... ¿es que llegará alguna vez? Seguiremos el plan marcado y diremos que todo ocurre por una causa. Si eso no fuera así, quizá simplemente no acertamos a encontrar la causa correcta. Tal vez, en algún lugar, alguien ríe abiertamente mientras lanza unos dados con tu cara y la mía. No me importa seguir danzando con forma cúbica al ritmo que él me mande, siempre que de vez en cuando tu cara de as choque durante un instante con la mía.

viernes, 23 de marzo de 2012

...él, María y un gato.

Él estaba sentado en el suelo, como cada tarde. Medir escasamente ochenta centímetros te permite obtener una perspectiva muy particular de la vida, y más aún si estás sentado en el suelo. Al poco rato María, la vecina de al lado, salió de su casa y se dispuso, con paso un poco precipitado, a cruzar al otro lado de la calle buscando la parada de autobús. Los tacones marcaban un ritmo de paso ligero militar, y la linea trasera de las medias indicaba un camino oscilante que se perdía en los pliegues de su falda marrón. Tenía las suelas gastadas, pero la piel del zapato brillaban como nuevos. El olor que dejaba a su paso le hizo pensar que tendría algún encuentro especial. Él estaba acostumbrado a jugar con ella y siempre tenía ese olor tan característico a jabón y piel joven que ahora aparecía cubierto por una delgada capa de azahar y jazmín.
De repente, un gato se cruzó en su camino y le hizo cambiar la perspectiva como si fuera una toma de acción en una película de sábado por la tarde. El lomo oscuro con manchas blancas se contorneaba armónico, felino, sutil. Una mirada atrás fue suficiente para que acelerara su ritmo y desapareciera por el portal con un salto tan espectacular como aparentemente falto de esfuerzo por su parte. ¡Quién fuera gato en algunas ocasiones! Se levantó pensando en esto cuando sintió que todo su mundo se volvía del revés, pero no era el mundo, era él. Tanta distracción le hizo olvidar el hueco de la alcantarilla que permanecía abierta desde las últimas lluvias, y sólo pudo acertar a percibir, casi a cámara lenta, el gesto de horror de María desde el otro lado de la calle y el de cierta satisfacción del gato desde la encimera de la cocina, asomando por la ventana. Mas tarde, con los ojos cerrados, sintiendo el dolor en su cuerpo y la vergüenza en el alma, imaginaba que el pelo de maría rozaba su nariz como tantas otras veces, mientras sus dedos largos y finos le hacían esas cosquillas que tanto le gustaban.¿el gato?... nadie se acuerda de un gato en esos momentos. Con los ojos entreabiertos miraba de lado a ver si María se decidía a cruzar la calle de nuevo y hacer ese sueño realidad, pero el chirriar de los frenos de un autobús de línea le hizo entender que ese día tenía más en común con el gato que con María. Él también tendría que lamer sólo sus heridas.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

...era ella (y fin)

¿Qué podría hacer ella aquí? Tantas veces comentaron sus historias de Sevilla, sus fines de semana de hermandad con los amigos, la sensación de que esa ciudad era algo más para él que un destino de movidas juveniles… que quizá ahora, años después, se había decidido a verla con sus propios ojos. ¿Pero justo ahora? ¿Justo en este momento que yo paso por aquí?... es que aún el destino me reserva un nuevo golpe, un poco más de dolor… se me hace tan difícil pensar en una segunda oportunidad.
Iba sola, eso sí. Al menos podría hablar con ella con tranquilidad, saludarla, tomar un café por los viejos tiempos. Quizá, si su corazón no se aceleraba y conseguía verla como una vieja amiga podría darle un paseo por la ciudad, descubrirle esos rincones que sólo alguien que vive aquí conoce y puede disfrutar. Pero es que es Ella...
No eran momentos de pensar más, y dejó que el instinto lo guiara. Y el instinto lo tenía claro. Salió acelerando el paso en dirección a donde ella iba caminando, y terminó trotando a su encuentro con el temor de poder perderla de vista. Conforme se acercaba su cabello rubio brillaba más, su forma de moverse le traía más recuerdos, su vida iba y venía como en uno de esos thrillers donde no te enteras de la película hasta que todas las partes se unen al final.
Llegó lo suficientemente cerca para tocarle el hombro mientras terminaba la carrera y mientras ella se volvía él le dijo en un perfecto danés: “¡Hola Hanika! ¡me parece increíble encontrarte aquí!”. Ella, girándose hasta quedar de frente, le miró a los ojos y le dijo con una mueca divertida: “perdon me? I don’t understand”. Patrick quedó petrificado. Jadeando por la carrera, totalmente desorientado al ver una belleza como aquella, pero no la belleza que él esperaba encontrar, aunque eso sí, muy feliz de que en su país el inglés fuera un idioma casi tan usado como el danés.
Sonrío y le dijo: “Perdona, pensaba haber visto a una vieja amiga, venía corriendo antes de perderla por si le apetecía tomar un café. Espero no haberte molestado”.
La joven, aún sonriendo y con cierta ternura al ver la cara avergonzada de Patrick, le respondió: “Bueno, creo que un café en una terraza cerca del Guadalquivir pagaría con creces este malentendido, ahora iba caminando para allí”.
“En el fondo no me había confundido, es Ella”  Pensaba Patrick sonriente mientras el sol reflejado en el Guadalquivir le hacía cerrar un poco los ojos y la imagen frente a él, difuminada, sólo podía ser la de un ángel, su ángel.