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miércoles, 9 de mayo de 2012

... se te ve feliz

No, no es lo mismo estar contento que ser feliz. Eso que quizá todos sepamos, no todos lo tenemos en cuenta. El otro día cuanto te vi, tú estabas feliz. Yo te he visto contento muchas veces, pero feliz..no tantas. Hasta yo me había convencido que eso que habitualmente demuestras debía ser felicidad, pero no, tan sólo estabas contento. Y a ratos, sólo a ratos. Ahora proyectas algo diferente, una jovialidad interior, una inmadurez en los ojos, una frescura en los movimientos que me demuestran que estás un poco más vivo de lo que estabas ayer. La vida es eso que nos vuelve del revés cada cierto tiempo mientras nosotros andamos ocupados, empeñados en controlar lo incontrolable. Ahora que estás feliz, y que yo sé como es tu cara en esos momentos, tú puedes aprovechar para darte cuenta de que esa felicidad no te ha llegado por la mayoría de las cosas que haces cada día...posiblemente, ni siquiera todas esas cosas tuvieron una mínima incidencia que la consiguieras. Piensa si quizá te ha llegado cuando más fuerte renunciabas a ella, o quizá cuando de verdad lo dejaste correr y esperaste a que fuera algo superior  lo que decidiera. O mucho mejor aún, disfruta sin pensar, porque sin pensarlo llega. Disfruta sin pensar porque como te empeñes en darle vueltas, lo mismo se va.

Fotografía tomada de gisellejebus.blogspot.com

miércoles, 11 de mayo de 2011

... el domador

Ruge la bestia y el domador recuerda momentos pasados. Horas de duro trabajo, disciplinada rutina y no pocos sustos. Momentos de rebeldía interna y de reecuentro de un ser salvaje con su más profundo instinto. Hoy resuena igual. Las maderas crujen como quejándose por el ruido hueco, grave y profundo. Tiembla el techo levemente... y algún que otro corazón.
"Sería mucho más sencillo si esa llamada nunca volviera", se dice, pero sabe que es poco menos que inevitable. Lo peor no es que llegue, sino que suele hacerlo sin avisar, como una tormenta en Mayo, sin tiempo para resguardarse ni cualquier preparación. Ahora, aunque pudiera parecer lo contrario, lo más importante es mantener la calma, mucha calma. La bestia te espera, fiera, y un domador acelerado es lo último que desea ver. Puede ser habitualmente la primera decisión tomada por alguien mas novel en la difícil misión de calmar algo cuyo poder supera con creces el tuyo. Suele en esos casos ser también la última decisión tomada en una efímera vida.
Me acerco sigiloso y la veo, latiendo, palpitando, con ganas de escapar. Muestra sus garras amenazantes fuera de los barrotes. A veces me parece verlo como la imagen de un saludo inocente en una mañana de fusilamientos, en una película nunca rodada del maestro Buñuel.
Vieja conocida, amiga en tantas historias y terrible enemiga en otras tantas de señales imborrables, cosidas a fuego por los surcos que dejaron sus afiladas uñas en mi tostada piel. La miro y respiro. Asumo el ritmo que marca su respiración. Sonrío levemente y ella me mira conocedora de mi plan. Ruge fuerte y luego más débil, y seguimos respirando los dos al unísono, sólo que ahora el ritmo lo marco yo. Cada vez más suave, cada vez más lento. Me sigue mirando. Zigzaguea en su reducido espacio mostrándome la cruda realidad, diciéndome: "¿De verdad esperas que permanezca tan tranquila, día tras día, como si no fuera nada, como si todo el volcán se hubiera apagado sin más? No me contestes, ya sé que sabes que no".
Yo la observo y escucho su mensaje. Me siento lentamente mientras ella se tumba con una calma inconcebible sólo cinco minutos atrás. Cierro los ojos y me pregunto en silencio: "¿Qué hice yo para hacerla despertar con tanta fiereza?". Espero. Suena sobre mis hombros el viento del atardecer y me parece oír un rugido suave que mesa mis cabellos y me dice susurrando: "Tus barrotes son gruesos como estos que me confinan, pero tu bestia cuando despierta los destroza como una manada hambrienta. Hoy mi rugido saludaba a tu grito desconsolado de frustración".

Ahora las bestias duermen tranquilas. Un día cualquiera en la vida de un humilde domador. Otra lección.

(Bestias de cada día...cantadas por Bruce) - Atlantic City.


Fotografía de fernandomalo.blogia.es

lunes, 20 de diciembre de 2010

...mudanza

Miro a la ventana. A la ventana que fue mi conexión con ese jardín interminable de nubes de algodón y algún rayo estrepitoso. Una pasarela metálica que nunca recorrí, pero que ayudaba a orientar tu mundo, cuando las nubes cambiaron de sitio y ahora se encuentran abajo. Todo puede darte vueltas y perder su posición. Aquellas prioridades de siempre, ahora lejanas, tan abajo, casi no pueden verse... pierden su dimensión.
El corazón no deja difuminar nada, sólo guarda recuerdos, aguarda el momento y destapa esencias que nublan la ventana como el té caliente en una tarde lluviosa del invierno del Sur. Estas lejos y lo sabes.
Me gustó este lugar. Disfruté de él. Una ventana con vistas que unía mundos opuestos, conectaba océanos y me hacía crecer, en lo bueno y en lo malo como se suele decir. Con lo que dejas atrás y por lo que encuentras delante aunque en el tiempo no haya más nada que el ahora.
Llegan otros momentos, la vida sigue sucediéndose y reinventándose a cada segundo, proyectando en nuestras mentes lo próximo que viviremos. A veces los cambios son imperceptibles, ilusorios, todo parece una calmada continuidad. Pero otras veces un segundo es un mundo y dos ya la eternidad. Los vacíos no se llenan y hay que decidirse a actuar.
Cuando uno nunca valió para una revolución, sólo le queda el movimiento silencioso, perenne, constante, firme. En esas me encuentro, avanzando. Como el movimiento de las piedras de las pirámides en el antiguo Egipto, con un movimiento casi inexistente que sólo con distancia se puede reconocer.
Hoy miraba a la ventana, como tantas veces, y en el reflejo veía a otra persona. La misma sensación de calma y atemporalidad, pero un brillo diferente en los ojos, el de esa fuerza interior que muestra el camino y marca la diferencia entre desear y tener, esa llama que es la que te hace actuar.
Me voy mudando poco a poco, y eso no quita que pase alguna vez por aquí para ver que todo sigue en orden, pero dentro de poco os enseñaré mi nuevo hogar. Nuevas vistas. Personas de siempre. La conjunción perfecta en el camino a la felicidad... a esa felicidad que no es un destino, sino cada paso que das.