Él estaba sentado en el suelo, como cada tarde. Medir escasamente ochenta centímetros te permite obtener una perspectiva muy particular de la vida, y más aún si estás sentado en el suelo. Al poco rato María, la vecina de al lado, salió de su casa y se dispuso, con paso un poco precipitado, a cruzar al otro lado de la calle buscando la parada de autobús. Los tacones marcaban un ritmo de paso ligero militar, y la linea trasera de las medias indicaba un camino oscilante que se perdía en los pliegues de su falda marrón. Tenía las suelas gastadas, pero la piel del zapato brillaban como nuevos. El olor que dejaba a su paso le hizo pensar que tendría algún encuentro especial. Él estaba acostumbrado a jugar con ella y siempre tenía ese olor tan característico a jabón y piel joven que ahora aparecía cubierto por una delgada capa de azahar y jazmín.
De repente, un gato se cruzó en su camino y le hizo cambiar la perspectiva como si fuera una toma de acción en una película de sábado por la tarde. El lomo oscuro con manchas blancas se contorneaba armónico, felino, sutil. Una mirada atrás fue suficiente para que acelerara su ritmo y desapareciera por el portal con un salto tan espectacular como aparentemente falto de esfuerzo por su parte. ¡Quién fuera gato en algunas ocasiones! Se levantó pensando en esto cuando sintió que todo su mundo se volvía del revés, pero no era el mundo, era él. Tanta distracción le hizo olvidar el hueco de la alcantarilla que permanecía abierta desde las últimas lluvias, y sólo pudo acertar a percibir, casi a cámara lenta, el gesto de horror de María desde el otro lado de la calle y el de cierta satisfacción del gato desde la encimera de la cocina, asomando por la ventana. Mas tarde, con los ojos cerrados, sintiendo el dolor en su cuerpo y la vergüenza en el alma, imaginaba que el pelo de maría rozaba su nariz como tantas otras veces, mientras sus dedos largos y finos le hacían esas cosquillas que tanto le gustaban.¿el gato?... nadie se acuerda de un gato en esos momentos. Con los ojos entreabiertos miraba de lado a ver si María se decidía a cruzar la calle de nuevo y hacer ese sueño realidad, pero el chirriar de los frenos de un autobús de línea le hizo entender que ese día tenía más en común con el gato que con María. Él también tendría que lamer sólo sus heridas.
viernes, 23 de marzo de 2012
lunes, 20 de febrero de 2012
... ayer corrí mi primera maratón
Soy una persona afortunada.
De eso no me cabe duda. Jamás imaginé que mi primera maratón pudiera ser una experiencia
tan buena. Eso no quiere decir que la vaya a repetir, porque ahora mismo no me
inscribo ni en una carrera de mi casa a la esquina, ni tampoco que la terminara
fresco y sin sufrimiento; significa que fue lo mejor que pudo ir. Jamás en
ningún entrenamiento había estado mucho más de 12-15km sin dolores en los
gemelos… ayer no aparecieron. Jamás había estado mucho más de 20km sin dolores
fuertes en los abductores con mi lesión “heredada” del Basket…ayer llegaron en
el km 34. Ayer todo lo malo no pasó, o pasó más tarde de lo que habitualmente
me pasa. El estómago me respetó el consumo de geles, y muchas veces entrenando
me molesta un poco…etc, etc… por eso digo que soy muy afortunado.
Hace seis meses pensé que
era un buen momento para lanzarme al reto de la maratón, después de haber hecho
algunas medias maratones el año anterior…sufriendo bastante, la verdad. He
entrenado feliz y animado, con bastante fidelidad al plan que me marqué para
estar en los tiempos humildes en los que yo me podía mover, y sobre todo, para
llegar al final de la maratón repitiendo una sonrisa que hubiera sacado durante
el camino en repetidas ocasiones. Creo que he sido razonablemente fiel a ese
compromiso, salvo con las lógicas enfermedades donde tuve que parar. Esto para
alguien que trabaja viajando aún unos 80 días al año, cambiando de zona
horaria, y con el invierno en medio (no sólo el de Sevilla o Málaga… también el
de Chicago, Lisboa, Barcelona…) creo que habla de mi compromiso personal y de
la gente que me rodea, que siempre, siempre me ha ayudado a cumplir ese
compromiso.
Esta entrada espero que no
quede como algo egocéntrico o que transmita la sensación de comunicar una
hazaña, pues nada más lejos de la realidad. Pretende sobre todo tres cosas:
1.- Dar Gracias!!
2.- Felicitar a mis dos
acompañantes ese día, mi gran amigo Manolo y el fenómeno de Pablo, que hicieron
una maratón extraordinaria, más de media hora mejor que la mía. Son dos cracks
que me ayudan a pensar lo normal que soy yo. Sin personas como ellos cerca, yo
sería un poco más tonto.
![]() |
| Con Pablo a la izquierda y Manolo a la derecha. Dos gacelas en la maratón |
3.- Ratificar algo que llevo
mucho tiempo diciendo a todos con los que hablo de este tema: que si yo puedo…
#cualquierapuedehacerlo!
| A 50m... sintiendo la felicidad... |
Como decía, no soy más que
un tipo normal. Sí, tal vez un poco afortunado. Mi suerte es estar llevando una vida normal
que me llena de alegría. Pasando por vivencias que me hacen feliz. Conociendo a
personas que me obligan a preguntarme ¿Qué habré hecho yo para tener a mí
alrededor esta gente tan maravillosa? Una vida normal que a mí me parece espectacular.
Nunca imaginé (bueno sí, aunque me cuesta decirlo) que en mi vida todo iría tan
bien.
Sólo os dejo aquí la
sensación…pisar la pista del estadio, saber que te quedan 300m y que la meta
está allí… tras 42km y casi cuatro horas de esfuerzo constante, creciente.
Hablas con los que tienes alrededor. No los conoces de nada, pero les animas.
Les recuerdas que disfruten.. que busquen sensaciones mirando hacia dentro. NO
es momento de sufrir, ahora hay que disfrutar… pensar en las personas que te
quieren, las dificultades de la vida que acaban superándose, las piernas que te
llevan donde tu cabeza quiera… los vellos de punta y la energía explotando en
tu corazón y llenando tu cuerpo a golpe de escalofríos… Quizá es que esto se
parece tanto a la vida, condensada en una mañana, que cuando pasas la meta sientes como si con
la toalla que te ponen se impregnara tu piel de un tatuaje invisible cargado de
buenos consejos y de buenas razones para seguir adelante cada día haciendo lo
necesario para que todo lo bueno suceda.
| Feliz... cualquiera puede hacerlo! |
sábado, 4 de febrero de 2012
... surcando los cielos.
Un rugido... y estás en el aire. Flotas, te suspendes, el cielo queda tus pies. La vida al revés. Los pájaros miran hacia arriba tratando de asimilar lo poco natural de su visión. Las nubes recogen sus enaguas para no entorpecer tu camino airoso,potente,decidido. Otras tratan de ocultar a las nubes más jóvenes como esperando sacrificarse por ellas ante tanta polución.
Mientras tanto, el tiempo se detiene y no parece tener ganas de avanzar. Los momentos se hacen eternos y llega a parecer que el encierro dura horas y más horas...hasta que reaccionas y ves que es verdad. Te das cuenta de que ese vuelo que parece un momento puntual entre dos estados, una mera transición, es todo lo contrario. Se convierte en una brecha en el tiempo que te atrapa y te hace pensar. Mucho. Puedes imaginar por qué las aves pueden sentirse amenazadas por la supremacía de los cielos frente a un tubo de hierro cargado de esclavos. Ahora esos esclavos ya no son golpeados, ya no malviven, ya no exprimen sus vidas por un trozo de pan y el único objetivo de pasar vivos un día más. Ahora es el miedo a bajar un estatus de vida el que, con singular sencillez, los hace separarse de su familia, viajar durante horas apretados unos contra otros. Mientras, los que promueven ese miedo, los que han promovido primero cual es la clase social a la que se supone que debes llegar, se quedan en casa recibiendo los beneficios de este juego singular.
Más irónico es aún conocer que algunos de ellos han descubierto el juego, saben que pueden escapar de él cuando quieran, pero esas alambradas invisibles les impiden dar siquiera un paso en la dirección adecuada.
Mientras, el águila, la gaviota, el gavilán, apartan sus ojos de ese infernal aparato metálico. Miran a sus crías y les piden que oculten sus cabezas en el nido para que sus oídos no queden dañados para siempre ni su incipiente plumaje se impregne de los desechos de la combustión. Ellas les miran, sin entender nada. Sus padres tampoco. No acabaron de ver el momento en que esa especie nacida como todas las demás tomó conciencia de que la vida no es un paseo maravilloso por el que discurrir, impregnando de amor y de vida, sino una carrera contra todos donde la ambición y el egoísmo llega incluso a superar los límites de tu propia familia, de tu propia sangre. Afortunadamente, el día que ese veneno se esparció en la tierra, ellas andaban surcando los cielos.
Mientras tanto, el tiempo se detiene y no parece tener ganas de avanzar. Los momentos se hacen eternos y llega a parecer que el encierro dura horas y más horas...hasta que reaccionas y ves que es verdad. Te das cuenta de que ese vuelo que parece un momento puntual entre dos estados, una mera transición, es todo lo contrario. Se convierte en una brecha en el tiempo que te atrapa y te hace pensar. Mucho. Puedes imaginar por qué las aves pueden sentirse amenazadas por la supremacía de los cielos frente a un tubo de hierro cargado de esclavos. Ahora esos esclavos ya no son golpeados, ya no malviven, ya no exprimen sus vidas por un trozo de pan y el único objetivo de pasar vivos un día más. Ahora es el miedo a bajar un estatus de vida el que, con singular sencillez, los hace separarse de su familia, viajar durante horas apretados unos contra otros. Mientras, los que promueven ese miedo, los que han promovido primero cual es la clase social a la que se supone que debes llegar, se quedan en casa recibiendo los beneficios de este juego singular.
Más irónico es aún conocer que algunos de ellos han descubierto el juego, saben que pueden escapar de él cuando quieran, pero esas alambradas invisibles les impiden dar siquiera un paso en la dirección adecuada.
Mientras, el águila, la gaviota, el gavilán, apartan sus ojos de ese infernal aparato metálico. Miran a sus crías y les piden que oculten sus cabezas en el nido para que sus oídos no queden dañados para siempre ni su incipiente plumaje se impregne de los desechos de la combustión. Ellas les miran, sin entender nada. Sus padres tampoco. No acabaron de ver el momento en que esa especie nacida como todas las demás tomó conciencia de que la vida no es un paseo maravilloso por el que discurrir, impregnando de amor y de vida, sino una carrera contra todos donde la ambición y el egoísmo llega incluso a superar los límites de tu propia familia, de tu propia sangre. Afortunadamente, el día que ese veneno se esparció en la tierra, ellas andaban surcando los cielos.
domingo, 22 de enero de 2012
... A nuestra suerte
Hemos dejado a los legisladores el poder de marcar las reglas. Hemos dejado a los jueces el poder de decidir como aplicarlas. En teoría lo hicimos así para vivir en armonía e igualdad. Ahora muchos legisladores aprovechan ese poder para lucrarse ellos y sus mas allegados. También muchos jueces, los de mayor grado de decisión, los del tribunal constitucional, son seleccionados cuidadosamente para que haya equilibrio de aquellos con tendencias políticas de uno y otro signo. ¿Pero no se supone que los jueces son imparciales? ¿Entonces como es tan importante que sean de izquierda o de derecha? Se me ocurre que, con tantas vergüenzas que esconder en el estamento político, mas allá de inmunidades, siempre es interesante tener en el tribunal los amigos suficientes para "velar" por los intereses comunes...a ellos.
Mientras tanto, para los ciudadanos de a pie, todo parece quedar lejano y casi fuera de toda responsabilidad. No recordamos ya que nosotros los elegimos, que nosotros marcamos las reglas y también somos cómplices. Siempre que nuestra indiferencia se camufle en una queja y no se sustituya todo por un análisis serio, sin bandos, y sobre todo responsable en un sentido profundo. Aquel que define que la indiferencia es la mayor de las culpas y que no hacer nada también es una respuesta... La de los que renuncian a vivir su vida y sus ilusiones y se acomodan a vivir una vida que no les pertenece acorde a las ilusiones de otros.
Mientras tanto, para los ciudadanos de a pie, todo parece quedar lejano y casi fuera de toda responsabilidad. No recordamos ya que nosotros los elegimos, que nosotros marcamos las reglas y también somos cómplices. Siempre que nuestra indiferencia se camufle en una queja y no se sustituya todo por un análisis serio, sin bandos, y sobre todo responsable en un sentido profundo. Aquel que define que la indiferencia es la mayor de las culpas y que no hacer nada también es una respuesta... La de los que renuncian a vivir su vida y sus ilusiones y se acomodan a vivir una vida que no les pertenece acorde a las ilusiones de otros.
sábado, 7 de enero de 2012
...necesito tres vidas
Tres vidas. No acepto ni una menos para poder hacer todo aquello que quiero, necesito, sueño. Quiero una vida entera para aprender. Tener la posibilidad de leer, asistir a cursos, leer y más leer. Devorar todo aquello que otros descubrieron, procesarlo y asimilarlo, y sacar nuevas conclusiones. Mejorar la perspectiva de la vida desde la única manera posible, la del conocimiento. Ampliar las fronteras mentales y empaparme de saber. ¡Que gran satisfacción poder sentarse con todo el tiempo y saborear los nuevos conocimientos como si fueran una suprema degustación en un restaurante de lujo!.
Quiero otra vida para experimentar. Poner en práctica el saber. Enseñar. Interaccionar. Ayudar. Actuar. Moverme incansablemente alcanzando metas que crearan valor. Valor personal y valor hacia los demás. Entregar sin esperar. Una vida intensa, sin pausa, holística y renacentista. Ayudar a transformar en la dirección que cada uno desee. Una vida donde el conocimiento se filtrara desde la vida anterior. Vidas que se harían al mismo tiempo, en distintos universos, unidas con un impulso de energía que las comunique e inyecte de todo lo obtenido en la otra para potenciar ésta más aún.
La tercera vida es para tí. Encerrado en tu cuello disfrutando del olor que sólo la vida sabe crear. Calidez, armonía... la definición del hogar. Quiero saber cuánto cuesta el minuto en tu cuello y robar un banco si fuera necesario para poderlos pagar, uno a uno.. toda la vida. Esa vida la quiero pasar entera ahí. Sin nada en que pensar, sin nada más que hacer, tan sólo disfrutar. Respirar pacientemente esperando contagiarme de tu perfume, cantar en mi mente al ritmo de tu pulso, imaginar cuadros de mil trazos negros dirigidos por tu pelo azabache. Sentir una caricia de vez en cuando, para recordarme que no sueño, que solo vivo mi tercera vida en el paraíso hecho realidad.
Quiero otra vida para experimentar. Poner en práctica el saber. Enseñar. Interaccionar. Ayudar. Actuar. Moverme incansablemente alcanzando metas que crearan valor. Valor personal y valor hacia los demás. Entregar sin esperar. Una vida intensa, sin pausa, holística y renacentista. Ayudar a transformar en la dirección que cada uno desee. Una vida donde el conocimiento se filtrara desde la vida anterior. Vidas que se harían al mismo tiempo, en distintos universos, unidas con un impulso de energía que las comunique e inyecte de todo lo obtenido en la otra para potenciar ésta más aún.La tercera vida es para tí. Encerrado en tu cuello disfrutando del olor que sólo la vida sabe crear. Calidez, armonía... la definición del hogar. Quiero saber cuánto cuesta el minuto en tu cuello y robar un banco si fuera necesario para poderlos pagar, uno a uno.. toda la vida. Esa vida la quiero pasar entera ahí. Sin nada en que pensar, sin nada más que hacer, tan sólo disfrutar. Respirar pacientemente esperando contagiarme de tu perfume, cantar en mi mente al ritmo de tu pulso, imaginar cuadros de mil trazos negros dirigidos por tu pelo azabache. Sentir una caricia de vez en cuando, para recordarme que no sueño, que solo vivo mi tercera vida en el paraíso hecho realidad.
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