viernes, 31 de diciembre de 2010

...año viejo

Parece que hoy es el día para los balances, pero yo prefiero no hacerlos. En el fondo, todos los balances ya están incorporados; descontados que diría un broker de bolsa. Los hemos ido asimilando día tras día, alegría tras alegría y desilusión tras desilusión. No hace demasiada falta recurrir a la memoria para repasarlos uno a uno. Si hoy trato de descubrir de donde viene esa visión calmada de la vida, es paz interior que antes no tenía, sé que viene de una reacción.
When you've got nothing, you've got nothing to lose
 (Like a rolling stone - Dylan)
Una reacción al dolor y a la sorpresa que provoca encontrar la traición más profunda, la que viene de alguien a quien le cediste todo, tu bien más preciado, tu amistad y tu confianza. A partir de ahí, no hay que ser muy listo para darse cuenta de que todo lo que queda es crecer. Agradecer haberlo vivido, aprender una nueva lección, tomar una nueva decisión, avanzar. Este año me he dado cuenta de que somos demasiado parecidos, pero increiblemente diferentes. Que desde fuera somos fotocopias, pero dentro de nosotros albergamos un alma que nos diferencia. Ese alma que muchos creemos que es una misma, pero que no todos consiguen descubrir. Lo bueno de lo malo es la posibilidad de avanzar y salir reforzado. Lo mejor en estos casos es no quedarte a medias, mejor cambiar mucho que demasiado poco. Los cambios más importantes, los que ocurren dentro de ti. Y lo siguiente, pasar a la acción. Al ritmo que te sientas cómodo, al ritmo que estés en paz.. al ritmo que quieras... pero actuando. Después... paciencia. Nada llega si no te mueves, pero no siempre que te mueves llega cuando quieres. Por tanto, calma. Como dice un gran amigo "sin prisa, pero sin pausa... y disfrutando del camino".
Gracias 2010. Ha sido un año fantástico. El mejor hasta ahora, el que te permite conocer tus miserias y las de alrededor y te da motivos para trazar un plan desde cero. Bienvenido 2011. El año donde ese plan se comenzará a hacer realidad... si la acción no se queda en palabras y se va transformando en hechos. Este es el único deseo  para el nuevo año. Ser honesto conmigo mismo y consecuente con lo que digo. El resto sera infinitamente más fácil. Suerte a todos y os deseo que tengáis aquello que merezcáis. Lo siento si no es todo lo bueno que os gustaría... cambiarlo depende de vosotros.

jueves, 23 de diciembre de 2010

...nuevas navidades

Hoy son las primeras navidades de este blog, y el anterior, que pasó algunas, no daba para incluir mucha felicitación navideña...quizá este tampoco. De todas maneras, como los pensamientos hoy van obligados hacia allí, por aquello de la saturación de felicitaciones y buenos deseos que nos llegan de amigos, conocidos... y desconocidos totales (es lo que tiene la era digital, no hay manera de tapar ciertos canales para quien tú no quieres), os dejo aquí mi pequeña reflexión.
Las navidades a veces parecen fotocopias unas de otras, o mejor aún, fotografías que desempolvamos una vez al año. Los mismos hábitos, las mismas personas, ilusiones, buenos deseos... que se repiten periódicamente como aquel cinematográficamente famoso "día de la marmota". Pero esa foto, con el paso del tiempo, puede ir perdiendo brillo, se oscurece, se añeja. Son personas que ya crecieron demasiado para ilusionarse y disfrutar, algunas que ya no disfrutan tanto en la misma compañía y otras que disfrutaban que ya no están. También muchos momentos duros que afloran cuando uno más sensible se encuentra, como suele ocurrirnos en estos días.
Para esas fotos que desmejoran hay que poner remedios. La vida, como buen "photoshop", ofrece mil herramientas para mejorar aquellas fotos navideñas que fueron perdiendo sentido. Nos da la oportunidad de incluir nuevas personas, nuevos amigos, y también nuevas generaciones que nos aporten de nuevo energía e ilusión. También nos ofrece "retoques" y alternativas que, sin perder la esencia, den un lavado de cara a la foto, o incluso la lleven a cotas mayores de belleza.
Cuando una situación te haga tremendamente feliz... no pienses mucho... disfruta. Cuando una situación te provoque tristeza, se consciente de ello y diseña una estrategia para vencerla, conviértelo en un desafío que sin duda te hará avanzar. ¿hacia dónde? Hacia donde tú quieras soñar.
No nos engañemos. Cuando uno sueña que los sueños se cumplen... no suele ocurrir nada. Cuando uno trabaja para que los sueños se cumplan... se suelen hacer realidad.
Yo os deseo a todos alegría, salud, fuerza, amor y sobre todo coraje. Coraje para que seáis capaces de enfrentaros a los miedos y las incertidumbres, de disfrutar ese camino de descubrimientos que nos lleva a la consecución de nuestros sueños. Aquellos sueños que, de niños, resplandecían mucho más en Navidad. Felicidades a todos.

lunes, 20 de diciembre de 2010

...mudanza

Miro a la ventana. A la ventana que fue mi conexión con ese jardín interminable de nubes de algodón y algún rayo estrepitoso. Una pasarela metálica que nunca recorrí, pero que ayudaba a orientar tu mundo, cuando las nubes cambiaron de sitio y ahora se encuentran abajo. Todo puede darte vueltas y perder su posición. Aquellas prioridades de siempre, ahora lejanas, tan abajo, casi no pueden verse... pierden su dimensión.
El corazón no deja difuminar nada, sólo guarda recuerdos, aguarda el momento y destapa esencias que nublan la ventana como el té caliente en una tarde lluviosa del invierno del Sur. Estas lejos y lo sabes.
Me gustó este lugar. Disfruté de él. Una ventana con vistas que unía mundos opuestos, conectaba océanos y me hacía crecer, en lo bueno y en lo malo como se suele decir. Con lo que dejas atrás y por lo que encuentras delante aunque en el tiempo no haya más nada que el ahora.
Llegan otros momentos, la vida sigue sucediéndose y reinventándose a cada segundo, proyectando en nuestras mentes lo próximo que viviremos. A veces los cambios son imperceptibles, ilusorios, todo parece una calmada continuidad. Pero otras veces un segundo es un mundo y dos ya la eternidad. Los vacíos no se llenan y hay que decidirse a actuar.
Cuando uno nunca valió para una revolución, sólo le queda el movimiento silencioso, perenne, constante, firme. En esas me encuentro, avanzando. Como el movimiento de las piedras de las pirámides en el antiguo Egipto, con un movimiento casi inexistente que sólo con distancia se puede reconocer.
Hoy miraba a la ventana, como tantas veces, y en el reflejo veía a otra persona. La misma sensación de calma y atemporalidad, pero un brillo diferente en los ojos, el de esa fuerza interior que muestra el camino y marca la diferencia entre desear y tener, esa llama que es la que te hace actuar.
Me voy mudando poco a poco, y eso no quita que pase alguna vez por aquí para ver que todo sigue en orden, pero dentro de poco os enseñaré mi nuevo hogar. Nuevas vistas. Personas de siempre. La conjunción perfecta en el camino a la felicidad... a esa felicidad que no es un destino, sino cada paso que das.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

...humedad

Hoy leía en el blog de una amiga (Merche) que no andaba demasiado inspirada y que no siempre conseguía convencer al guardián de sus sentimientos más profundos para entrar, remover algunos, y sacarlos al exterior. Yo le decía que quizá sea normal no poder desparramarlos en un papel cada día, mostrar a pecho descubierto lo más duro, aquello que nos provoca dolor con un sólo recuerdo, que a veces incluso nos avergüenza y nos deja indefensos; aunque le sepamos dar el envoltorio de una desgarradora historia. Es como toda novela de vampiros, donde uno esta a salvo en su casa mientras no "invite" al vampiro a entrar en ella. Sacar todas esas emociones y compartirlas no es más que abrir la puerta de las estancias más secretas del castillo de nuestra personalidad, y dejar que cualquiera entre y eche un vistazo en las estanterías y alacenas.
Musgo (Puede tener derechos de autor)
Pero no es menos cierto que dejar las puertas cerradas para siempre enmohece el interior, lo enquista y crea un ecosistema lúgubre, irrespirable, caldo de cultivo de problemas mayores. No hay nada peor que encerrar ese lado oscuro. Los helechos de dolor crecen alimentados por el temor, y van ganando terreno a la esperanza y la alegría. Resquebrajan los muros y acceden a otras estancias más secas, más soleadas y sanas... pudriéndolo todo. Nos llevan lentamente a la derrota ante la plaga más letal, la de nuestros propios fantasmas.
Todos tenemos esas habitaciones dentro de nosotros. No sirve de nada mirar para otro lado. Tampoco lógicamente podemos sentirnos orgullosos de ellas. Sólo debemos encontrar el momento oportuno y antes de que sintamos que la humedad comienza a mojar las paredes y las esquinas a albergar los primeros cercos de moho, dediquemos el tiempo necesario para que la luz del exterior conecte con nosotros. Que la esperanza entre limpiándolo todo,el presente ventile todo pasado húmedo y la humildad pinte de nuevo ese cuarto tan oscuro. Después de esto, la ilusión abrirá ventanas por las que nuestro corazón, poco a poco, vaya estableciendo nuevos lazos, aceptando como fuimos, lo que vivimos,  lo que sufrimos y aún nos da miedo, pero mostrando una nueva realidad, más tibia y con más armonía. Una realidad presente que debe hacernos poder vivir en paz con nosotros mismos... y felices.

lunes, 6 de diciembre de 2010

...invierno

Aún no queremos ceder, no queremos rendirnos,  pero el invierno está aquí. Llama a la puerta suavemente con gotas frías que empapan el ánimo y lo humedecen de nostalgia. Nos susurra toscamente que la playa dejó de hacernos levantar la cabeza para saludar al sol, y ahora nos obliga a subirnos el cuello del jersey, mientras recordamos con ternura aquellos recuerdos que calientan el espíritu. De vez en cuando nos rompe el sosiego de una tarde oscura con un trueno jadeante que persigue a su rayo, nos sobresalta y nos hace hundirnos un poco más en el sofá.
El frío no está hecho para la sangre caliente templada por el mediterráneo. Y reaccionamos. Buscamos retiros paradisíacos, huimos de la tempestad.  
Yo, sin embargo, prefiero quedarme y observar. Mirar desde el salón esas gotas de agua intentando alcanzarme, incansables, mientras yo las veo suicidarse contra la ventana y resbalar por el cristal. Disfrutar del milagro de la naturaleza, de la rebelión de las fuerzas, aquellas que intentamos controlar y devorar, pero que de vez en cuando, cada vez más a menudo, nos mandan mensajes de humildad con pequeñas demostraciones de su inmenso poder... que no sabemos escuchar.
La tarde pasa, la tormenta avanza y el clima gélido enfría mis pies... y un poco también el corazón. Con la misma calma de aquellos viejos alquimistas conocedores de mil y un remedios, yo voy en busca del mio, infalible: Bajo la persiana, enciendo unas velas y vuelvo al sofá. Ese sofá que no sólo alberga una manta que confortar mis pies helados sino también, al otro lado, unos ojos verdes y profundos,  una sonrisa sincera y un corazón inmenso y generoso que templa inviernos, enmudece truenos, aplaca lluvias  y sobre todo, insufla un  aliento cálido de felicidad que ilumina el más gris de los atardeceres. Bendito invierno.

viernes, 3 de diciembre de 2010

...bloqueos

Quizá ya estés siguiendo tu verdadero camino. Quizá, como buen alquimista, conseguiste mezclar todos los componentes y encontrar la fórmula de la verdadera felicidad. Esa que nunca se posee, porque simplemente "se es". Enhorabuena entonces.
También puede ocurrir que sientas que algo no encaja, que no es este el sendero por el que te gustaría caminar, o que quizá te gustaría hacerlo de otra manera... pero no lo consigues cambiar. No te preocupes, estas bloqueado. Tienes el motivo para querer cambiar, la conciencia de esa necesidad, pero no pasas a la acción porque algo te lo impide, algo que sientes superior a ti y que provoca un malestar mayor aún, el del que cree conocer el problema, pero no hace nada para solventarlo. Lo siento, pero esto no te hace ser nada especial.
¿Cuál es el muro que debes sobrepasar?
Probablemente te sientes abrumado al ver que tu trabajo no te resulta atractivo, o que no tienes trabajo. Pero sin embargo, no encuentras el momento, la organización, para ir poniendo las bases del cambio... parece que nunca hubiera oportunidad de planificar y actuar hacia una vida mejor.
A lo mejor no es tiempo lo que necesitas... es sólo energía. Puede que el agotamiento mental te deje sin el espacio para la reflexión y para encontrar el rumbo entre tantas señales de colores que solemos encontrar en los cruces de caminos... pero sin embargo seguimos creando nuevas corrientes de pensamientos inútiles para sentirnos todavía más agotados.
También es posible que simplemente dediques el tiempo a regodearte en tu miseria, a ser esa víctima de las circunstancias que todos a tu alrededor deben comprender y consolar... ¿qué mejor excusa para no avanzar?
Como decía un poco más arriba, si eres uno de estos, eres uno mas. No eres nadie especial. Tomaste el camino de la aceptación y no de la rebeldía, preferiste quejarte y suspirar, a gritar con rabia y avanzar.
Esta última es la única manera de ser especial. Sentir que ese camino que está definido para ti, ese camino que realmente te hace alguien único, ese que desarrolla al límite tus dones particulares como persona, no está allí, solitario, esperando que que te lances hacia el, y lo camines con decisión, y felicidad.
Los bloqueos, como todas aquellas dificultades que la vida nos pone por delante, suelen ser nuevas pruebas para que los mayores deseos sólo sean cumplidos por aquellos que deciden apostar de verdad. Son muros de ladrillo que sólo conseguirán trepar aquellos que no estén dispuestos a rendirse y renunciar de la vida que su corazón les dicta, aquellos que no quieran sentarse en el lado a lamentarse de la altura de ese muro mientras otros siguen saltando al otro lado y viendo el sol brillar.
"Los límites, como muchos de nuestros miedos, sólo está en nuestra imaginación".  Michael Jordan.

martes, 30 de noviembre de 2010

...coaching en "el clásico" de fútbol

Guardiola y Mourinho . Reuters
Ayer los dos equipos llegaban como si estuvieran en igual situación. Es mérito de sus entrenadores. Los dos hicieron parecer lo mismo justo hasta el comienzo del partido, los dos por necesidad y estrategia, aunque con motivos muy diferentes.
Uno, llegado hace poco y con tremendas urgencias, necesitaba aglutinar egos insatisfechos, anteriormente derrotados, y conformar un equipo sólido. Para ello, insufló seguridad, autoconfianza y hasta cierta estridencia para marcar un estilo que contagiar, para crear un bando, una sola misión, un gran desafío en el que todos ir a una. Era tal la urgencia, que tuvo que lanzar y lanzar mensajes que no hicieran otra cosa sino crear una autoestima colectiva positiva, aunque como vimos ayer, inestable.
El otro, con el tiempo anterior suficiente para conformar un estilo consolidado y con el que había alcanzado la excelencia, sólo tenía un objetivo que alcanzar con su grupo, posiblemente el más difícil en el mundo del deporte (y en el profesional... y en la vida): mantener el nivel de compromiso y de ilusión cuando has conseguido todo aquello que un día te marcaste conseguir. Para ello, aprovechó a la perfección los mensajes que desde la esquina contraria el entrenador con urgencias lanzaba al exterior y lo convirtió para los suyos en aquello que más necesitaría para afrontar de nuevo un año de compromiso y de duro trabajo. Encontró el desafío. Y supo gestionarlo con maestría, manteniendo el estilo marcado para él y para los suyos, para todo aquel que pueda reflejarse en su figura. Humildad pero seguridad en las propias capacidades. Disfrute a través del sacrificio. Aprovechamiento del talento desde una vertiente humana. Respeto profundo al rival como la mejor manera de encontrar el respeto para uno mismo. Encontrar cada día nuevos motivos para sentir que una victoria es un paso más hacia la gloria y la excelencia.
Los resultados, a día de hoy son evidentes. Quizá pudiera parecer que hay un claro vencedor y un claro derrotado, y sólo lo es así, pero sólo en parte... mucho menos de lo que parecía. Del vencedor, nada que decir, un paso más en una gestión perfecta de un grupo privilegiado. Una propuesta de trabajo inicial a través del disfrute mediante compromiso y con el objetivo de la excelencia en el juego, y posteriormente una consolidación del nivel de competencia y de la motivación mediante desafíos nuevos que ha sabido gestionar dándoles la suficiente importancia como para que resultasen fundamentales en la vida de su grupo. Del vencido, seguramente un punto de reflexión para los suyos y un nuevo desafío de coach en la gestión del talento, de los miedos, de la confianza ante el eterno rival. Pero creo que es justo decir también que el riesgo tomado inicialmente por éste último, y la estrategia basada en duro trabajo y quizá cierta agresividad del mensaje ha provocado una revolución en el equipo que no descarta un gran desempeño para el resto de temporada... si el coach consigue mantener unido los egos, le da estabilidad a una autoestima positiva para el equipo y, sobre todo, consigue recuperar una autoconfianza que seguramente hoy no es más que un profundo mar de dudas.

lunes, 22 de noviembre de 2010

...el cuento de Burtak

Hola, me llamo Burtak. Quiere decir “anillo de luz” porque según me contó mi madre, cuando nací el cielo estaba despejado y la luna, que momentos antes lo iluminaba todo, se fue apagando hasta sólo quedar un luminoso anillo alrededor de ella.  Dentro de poco voy a cumplir ocho años, y como es tradición en nuestro poblado, debo preparar un cuento que explique mi vida. Este cuento deberá ir creciendo cada cuatro años y será finalmente la historia de mi vida, la que contaré a mis hijos y nietos como yo he conocido la de mis padres y mis abuelos.
Aún no sé qué soy,  aunque yo creo que soy un futuro cazador y guerrero. Mi padre fue cazador  y también mi abuelo, y dicen en la tribu que eso es algo que pasa de generación en generación, pero aún es pronto para saberlo. Mi madre me ha dicho que llegará un momento donde se descubrirá el enigma, en ese momento mi mirada dirá si la naturaleza decidió que yo también siga la tradición de mi padre. Creo que es cierto. Cuando me fijo en la mirada de mi padre veo cosas que otros hombres del poblado no tienen. No necesita levantar la voz ni hacer gestos para que todos le escuchen o para que le sigan. Aunque somos un pueblo pacífico, algunas de las historias que oímos del pasado hablan de fuertes batallas donde nuestros guerreros consiguieron mantenernos con vida y conseguir el respeto de los demás poblados y de su gente.
Mientras llega ese momento, mis días son parecidos. Me levanto por la mañana y saludamos al sol. Agradecemos el calor que nos proporciona y que haga crecer a todos los seres de la naturaleza. Salimos de la tienda, cerramos los ojos, miramos hacia arriba y le sonreímos. Después de eso comemos algo y voy a por agua. Tengo que andar mucho tiempo para llegar al pozo de donde la conseguimos, pero es un camino divertido, sorteando árboles y animales del bosque, y siempre vamos varios niños y una o dos madres que cuidan de todos. Aunque jugamos y reímos, los mayores no nos dejan entretenernos demasiado ni cansarnos con carreras porque saben que la vuelta es dura, cargados con las tinajas de agua,  y nos costaría mucho llegar.
A la vuelta, el sol está en todo lo alto del cielo, mi padre llega de cazar y comemos todos juntos. Es un momento divertido para mí. La cabaña está fresca aunque fuera hace calor, tomamos agua con caña de azúcar y mi abuelo siempre cuenta las mismas historias, divertidas y espectaculares de sus grandes hazañas de guerrero, algunas de las cuales yo creo que son inventadas, porque mi padre lo mira con cara extraña cuando las va contando en voz alta, casi representando la escena con sus manos, aunque no le dice nada porque es una persona mayor y sabia, y en el poblado, estas son las personas más admiradas y queridas.
Después de comer todos juntos, los niños vamos al interior del bosque con algunos de los hombres de la tribu. Nos enseñan a marcar el rastro en una caza, a conocer que plantas no podemos comer ni aunque tengamos mucha hambre, y cómo respetar a los animales y plantas que nos rodean, sobre todo si los hemos tenido que cazar o recolectar para darnos alimento a todos nosotros.  Cuando sea mayor, me gustaría enseñar a otros niños de la tribu todos estos secretos, pero antes deberé aprender bien, y conocer finalmente mi sitio en la tribu.
Cuando cae el sol y la luna aparece el poblado entero se reúne y comparte alimentos conseguidos en el día. Unos se comen entre todos, mientras unos y otros van contando historias de lo sucedido en el día o de las noticias que llegan de otros poblados, y otros se guardan para la comida de mañana. Todos los jóvenes esperamos que haya noche sin luna, porque entonces encendemos una hoguera y después de comer, hombres y mujeres se ponen máscaras y diferentes ropajes y escenifican historias que forman parte de los cuentos de la vida de otros miembros del poblado… algunos aún vivos, y otros que se fueron a fundirse de nuevo con el bosque y el universo pero que siguen quedando entre nosotros a través de ese cuento que comenzaron, como yo, cuando tenían ocho años. Cuando añada más cosas a este cuento, os lo sigo contando.

sábado, 20 de noviembre de 2010

...valores

Me gustaría transmitir valores a la gente joven, pero no sé cómo. Hay veces que pienso que una charla de dos horas no puede cambiar a nadie, eso lo tengo claro. De hecho, nada puede cambiar a nadie sino uno mismo, pero al menos hay que conseguir provocar la chispa, remover algo dentro, hacer que todo comience. Si eso se consigue en uno de cada mil chicos, será un gran éxito, pues él podrá influir a muchos más que un simple conferenciante por muy bonita que sea su presentación.
Otras veces pienso que la clave está en que los padres tomen conciencia de qué tipo de valores son los importantes, los que hay que potenciar en los hijos antes de que el día a día nos impida competir con el resto de sus amigos, los videojuegos y la televisión. Hay cuatro o cinco años para poder canalizar ese libro en blanco que son de pequeños con un inicio de historia que garantice un final feliz para ellos. A partir de ahí, lo demás son borrones, intentos con grandes esfuerzos y pequeñísimos cambios posibles, sólo realizables si llegan en el momento oportuno, cuando el joven ha sufrido y necesita un nuevo rumbo, o cuando la insatisfacción abra una nueva ventana para dejar entrar una nueva manera de hacer las cosas. Demasiado complicado para que unos padres con el ritmo actual de vida tengan muchas posibilidades. Tiene que ser mucho antes.
El único problema ahora es: ¿Tienen los padres valores? En la mayoría de los casos, creo que los valores que se han fomentado en los últimos 20 años no han sido los mejores. Una actitud revolucionaria hacia el tipo de educación que esos padres recibieron de los suyos los ha llevado al otro extremo y en línea con una sociedad que no puede decir “no” a nada y dónde la presión viene con la comparación con el resto y no con tus verdaderas necesidades.
Si con los jóvenes de hoy lo veo difícil, con los padres de esos jóvenes de 18 años lo veo imposible. Puestos a emplear esfuerzos, mejor miremos al largo plazo y comencemos con los jóvenes. Podremos ayudar a que alguno de ellos sea un padre diferente, esperemos que mejor, en el futuro. 

jueves, 18 de noviembre de 2010

...basura

Nos empeñamos en tragar basura.  No hace falta comerla, entra por los ojos, por los oídos, la puedes encontrar prácticamente en cualquier lugar. La basura encumbra princesas de pueblo que serán los próximos muñecos rotos con los que seguir creando basura. Viene envuelta en brillantes diseños y glamour desbordado. También la puedes encontrar en los políticos ambiciosos. Los que aparecen en televisión para desparramar la basura en todas las casas y también en ese de tu pueblo, de tu barrio, que sabe esconder la basura debajo de tu alfombra sin que te des ni cuenta, dándote la mano con una sonrisa al mismo tiempo. También son basureros muchos periodistas que dedican más tiempo a analizar la audiencia de su último “reallity” que en dedicar minutos a difundir el horror que viven otras personas en la miseria y entre la única basura real e inevitable por la complicidad de todos. La mayor basura es la moral, y casi siempre la provoca el dinero. La ambición nos mantiene encerrados en basureros controlados, donde nos hacen ver que nuestro destino en este mundo es seguir remando, sin saber dónde va este barco, sin saber por qué… sin ni siquiera tener muy claro si estamos en este barco porque queremos, o porque nos han dado ya tanta basura que ahora no podemos vivir sin ella.  Ni se te ocurra decir que no te gusta la basura. Serás señalado, criticado, ninguneado, apartado. Nadie entenderá que cierres tus ojos y tus oídos a la mierda que nos hacen ver y oir, que no comas la porquería que te quieren dar o que quieras salirte de ese barco y cultivar otros alimentos, más honestos, más sanos, más puros.  Si haces un poco de fuerza, si varios personas de tu alrededor empiezan a entender que todo no es más que una sucia conspiración, un vil plan de unos pocos que viven mucho más arriba de donde el olor de la basura llega (en casas acondicionadas frente a los olores y la suciedad, donde en sus jardines crecen árboles donde fructifica la riqueza y el dinero, el poder y la ambición), si tu voz consigue esto,  te convertirás  en alguien peligroso, y es posible que mucha más basura caiga sobre ti. Hay una solución. Todos la sabemos y está a nuestro alcance.  Deja de tragar basura y recuerda que tus hijos copian todo lo que tú haces, piensa qué quieres para ellos. No se lo merecen y además, pueden sacarnos a todos de este basurero para siempre si nosotros damos el primer paso, educándolos.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

...era ella (y fin)

¿Qué podría hacer ella aquí? Tantas veces comentaron sus historias de Sevilla, sus fines de semana de hermandad con los amigos, la sensación de que esa ciudad era algo más para él que un destino de movidas juveniles… que quizá ahora, años después, se había decidido a verla con sus propios ojos. ¿Pero justo ahora? ¿Justo en este momento que yo paso por aquí?... es que aún el destino me reserva un nuevo golpe, un poco más de dolor… se me hace tan difícil pensar en una segunda oportunidad.
Iba sola, eso sí. Al menos podría hablar con ella con tranquilidad, saludarla, tomar un café por los viejos tiempos. Quizá, si su corazón no se aceleraba y conseguía verla como una vieja amiga podría darle un paseo por la ciudad, descubrirle esos rincones que sólo alguien que vive aquí conoce y puede disfrutar. Pero es que es Ella...
No eran momentos de pensar más, y dejó que el instinto lo guiara. Y el instinto lo tenía claro. Salió acelerando el paso en dirección a donde ella iba caminando, y terminó trotando a su encuentro con el temor de poder perderla de vista. Conforme se acercaba su cabello rubio brillaba más, su forma de moverse le traía más recuerdos, su vida iba y venía como en uno de esos thrillers donde no te enteras de la película hasta que todas las partes se unen al final.
Llegó lo suficientemente cerca para tocarle el hombro mientras terminaba la carrera y mientras ella se volvía él le dijo en un perfecto danés: “¡Hola Hanika! ¡me parece increíble encontrarte aquí!”. Ella, girándose hasta quedar de frente, le miró a los ojos y le dijo con una mueca divertida: “perdon me? I don’t understand”. Patrick quedó petrificado. Jadeando por la carrera, totalmente desorientado al ver una belleza como aquella, pero no la belleza que él esperaba encontrar, aunque eso sí, muy feliz de que en su país el inglés fuera un idioma casi tan usado como el danés.
Sonrío y le dijo: “Perdona, pensaba haber visto a una vieja amiga, venía corriendo antes de perderla por si le apetecía tomar un café. Espero no haberte molestado”.
La joven, aún sonriendo y con cierta ternura al ver la cara avergonzada de Patrick, le respondió: “Bueno, creo que un café en una terraza cerca del Guadalquivir pagaría con creces este malentendido, ahora iba caminando para allí”.
“En el fondo no me había confundido, es Ella”  Pensaba Patrick sonriente mientras el sol reflejado en el Guadalquivir le hacía cerrar un poco los ojos y la imagen frente a él, difuminada, sólo podía ser la de un ángel, su ángel. 

martes, 16 de noviembre de 2010

...era ella (1ª parte)

Patrick paseaba frente al Prado de San Sebastián. Era uno de esos típicos días de otoño que parecen quitar sentido al tópico de la estación. Sol, luz, y muchos árboles aún saludando el pasear de todos los sevillanos que, un sábado más, se resisten a caer en las garras de una vida dirigida por el reloj. Llevaba la mente perdida, sintiendo simplemente como la cara se templaba con los rayos del sol, como su cuerpo sentía un bienestar casi purificador. Prácticamente no recordaba cuándo llegó definitivamente. Había habido algunos viajes previos, fines de semana de amigos dispuestos a un chárter de ida y vuelta y a quemarlo todo por las calles de Sevilla, otros también después de que su mejor amigo pasara unos años por la ciudad viviendo una aventura amorosa con una joven andaluza que estudiaba en la ciudad. Grandes momentos y una experiencia cercana que le hizo reflexionar sobre la posibilidad de que dos personas culturalmente tan diferentes puedan mantener algo más que una atracción desenfrenada. Después de que su amigo volviera a casa con un español típico de “guiri” y un corazón destrozado, todo contacto desapareció con esta ciudad. A pesar de todo, Patrick siempre había sentido algo muy profundo cuando pisaba sus calles, cuando reía en sus bares, cuando el sol no era más que un duro correctivo después de una noche de alcohol y chicas morenas ávidas de chicos extranjeros. Había una conexión especial con esa ciudad.
Paseaba frente a la antigua Fábrica de Tabaco cuando el sonido del tranvía le hizo despertar de todo ese devenir de pensamientos. Se giró levemente para evitar su trayectoria, aunque no fue necesario porque antes de llegar a su posición el tranvía paró. Es de esas veces que sólo giras la cabeza, que no llegas a fijar la mirada, pero la imagen llega con una nitidez fuera de lo normal. Era ella.
Habían pasado ya tres años, ahora sí podía recordarlo. Era un Otoño frio en Dinamarca y el calor provocado por los calentadores de gas en las terrazas de los pubs intentan hacer más soportable la llegada del invierno. Todos los fuegos se encendían menos uno, el de ella ya se había apagado para siempre. Sólo dos semanas después Patrick llegaba a Sevilla, sintiendo que todo lo vivido era una señal que requería algo más que una recuperación, una total purificación.
Tres años, cierto, habían pasado tres años. Es curioso como las fechas quedan grabadas a fuego cuando son tan dolorosas, mientras que a menudo olvidamos aniversarios, cumpleaños, y la mayoría de aquello que nos provoca felicidad.
Estaba claro que lo había superado, no había añoranza, ni pena, ni atracción, pensaba él, pero ese deseo que sentía por ir corriendo hasta ella, esa figura de ángel moviéndose lentamente hacia el Hotel Alfonso XIII, se empeñaba en decir lo contrario...(continuará)

sábado, 13 de noviembre de 2010

...qué quieres ser?

Siéntate un rato y deja por una vez que el tiempo se aburra de esperarte. Coge lápiz y papel y déjalo frente a ti. Ponte cómodo y disfruta unos minutos sabiendo que no tienes absolutamente nada que hacer. Nada excepto sentir que estás allí, tranquilo, respirando. Durante este rato no pensarás en nada más que en ti. No hay amigos, familia, y mucho menos enemigos o problemas. Eres sólo una persona en calma, que reconoce y observa su respiración y que con cada inspiración va consiguiendo acallar esa corriente de pensamientos que normalmente inunda nuestra mente.
Vamos dejando ese torbellino de pensamientos y transformándolo en un lago en calma donde la paz, el bienestar y la relajación ha ocupado toda tu mente. Un lago de imperceptibles olas a ritmo de tu respiración, haciendo sólo un suave ruido de olas que no llegan a romper y solo pasan suaves de largo bajo el reflejo de la luna. Estás tranquilo, en calma, respiras...
Ahora toma el lápiz y anota en ese papel todo aquello que quieres ser o tener. Planifica el tipo de persona en que te quieres convertir a partir del conjunto de cosas que deseas. No tienen por qué ser cosas materiales, pero podrían serlo. Te darás cuenta que cuanto más sereno y en paz estés, cuanto más hayas conectado con tu ser interior y hayas conseguido acallar ese ego social que nos han ido implantando, menos materiales serán tus deseos; pero no te preocupes si aún así lo son.
Cuando hayas anotado todo, vuelve a leerlos detenidamente y trata de descubrir qué sensaciones se producen en tu interior conforme los vas recreando brevemente en tu mente, en esa mente aún en paz. ¿Hay alguno que al leerlo de nuevo te parece que realmente no es propio de ti, que no te reconoces en él? Si es así, bórralo.
Una vez hayas terminado la revisión, respira y sonríe. Cierra los ojos y busca de nuevo ese lago en calma donde los pensamientos no enturbian nada. Respira e imagina ahora cada uno de tus deseos como objetos o palabras que surcan el cielo, entre el lago y la luna, y explotan como fuegos artificiales, uno tras otros, dejando unos rayos de luz que se entrelazan y lo iluminan todo, transmitiendo alegría, paz y felicidad.
Abre los ojos. Sonríe y siéntete afortunado por haber conseguido ese momento de paz y de armonía. Guarda el papel y repite este ejercicio periódicamente usando la misma lista.
Solo marca aquello que hayas conseguido y tacha lo que ya no sea importante para ti. Añade tus nuevos deseos desando siempre que tu auténtico "yo", ese que sólo aparece en la paz de tu soledad cuando contemplas ese lago carente de ego y de presiones impuestas, sea el que dirija tus verdaderos deseos, tu camino, tu vida. Es sólo el principio. El resto sólo tú lo podrás comprobar.

jueves, 11 de noviembre de 2010

...poesía

Ayer me regalaron un libro de poesía. Hacía años que no leía uno. Ser "de prosa" no es una actitud, sino una elección, o quizá la conciencia de donde están tus fronteras, al menos las actuales. De todas maneras, que fantástica es la posibilidad de que existan ambas.
La prosa no es acomodada, tiene rectas interminables que te relajan o te absorben, pero también giros cerrados que te hacen pisar a fondo el freno y de nuevo acelerar con determinación. La continuidad no implica cobardía, sino todo lo contrario. Se enfrenta a pecho descubierto a la hoja blanca interminable con el desafío de rellenarla transmitiendo emoción. Pero hoy hablo de poesía.
La poesía es la discontinuidad en el texto a cambio de tenerte permanentemente agarrado el corazón. Son picos escarpados y valles profundos a ritmo de una respiración. Hay que tender puentes y encontrar atajos para no caer en sus desfiladeros de líneas abruptas y cortadas por una estructura definida, a veces, con la propia indefinición. Es el juego de tu mente y de tu corazón, el dialogo entre ellos buscando sumergirse en ese sendero de tinta negra para emerger en la mente del escritor, para encontrar sus razones, sus sentidos, la piedra filosofal de su imaginación.
 La poesía es juguetona, burlesca, se ríe de tí y sólo conecta si le abres tu interior; sino se vuelve arisca y seria y pasa de puntillas por delante de tu casa, dejándote impasible y con la sensación de que no será nunca más tu elección.
La poesía es ancestral, prehistórica, mántrica y visceral. Es el ritmo que sincroniza una parte de tu vida, la oración de la mañana de un modesto predicador. Es el jugo para la memoria, el abrelatas de las emociones de antepasados y de nuestros nietos, de todos aquellos que decidan que quieren ser hermanos de su yo interior.
La poesía, en resumen, decidió no contar historias que provocaran risas y lágrimas, y optó directamente por imprimir las lágrimas en el papel, y dejarlas secar al calor de las sonrisas más sinceras, no provoca emociones, es la pura emoción.

Felicidades sr. Parra por su primer libro de poesía a la edad de jubilación. Gracias por compartir sus sonrisas y sus lágrimas.

viernes, 5 de noviembre de 2010

...cada día una nueva vida

Si en muchas ocasiones decimos que la vida de cada persona es en sí todo un universo, creo que también podríamos considerar que un día cualquiera puede ser toda una vida. Marcamos ciclos internos con la referencia de la vida y la muerte como límites infranqueables (no seré yo ahora el que elucubre o teorice sobre aquello que pueda deparar el momento después a esa parte de energía que considero el auténtico ser de cada uno de nosotros), pero igual que los Mayas contaban de doce en doce, y nosotros marcamos nuevos pequeños puntos de reflexión al cumplir años, volver de vacaciones o estrenar nuevo año en el calendario; con actos de fe y renovados votos para nuestra vida, creo que cada día ofrece una fantástica oportunidad, con una periodicidad perfecta para ir viviendo una vida renovada y completa con cada salida del sol.
Si partimos de la base de que cuando somos plenamente conscientes de lo que ocurre en nuestro interior, el tiempo marcado por el reloj deja de ser quién marque el ritmo, y los días vividos en plenitud sentimos que duran más de 24 horas de reloj porque son atemporales (ni que decir sobre los que no vivimos en plenitud… que son directamente interminables) el día puede ser ese periodo suficiente para poner en marcha todo aquello que deseamos hacer.
Es tiempo más que suficiente para comenzar proyectos, para darles un paso más, para afrontar miedos e ir rompiendo con el pasado. Es el periodo perfecto para mirar adelante, saber que hay un camino que nunca te atreviste a frecuentar porque te veías incapaz de hacerlo, y decidir que hoy sí que será el momento de superarlo y dar el primer paso.  Puedes convertirte en un gran deportista rompiendo las fronteras de tus propios límites, las más importantes…también para eso da tiempo de sobra, para hacerlo, y para saborearlo después.
Sí, puedes hundirte en el dolor y la desesperación, puedes levantarte pensando que ese día mejor no vivirlo y deseando que el edredón te envuelva y no te permita salir. También nuestra vida pasa por esos días… quizá a veces merecemos y debemos tenerlos. Pero, ¿por qué más de un día? Tenemos todo un día para lamer heridas, lamentarnos del dolor, pensar en la desgracia y en la mala suerte y todo aquello que necesitemos hasta tener conciencia de qué ocurre en nuestro interior. Luego llega la noche y el universo nos da una nueva oportunidad, un nuevo amanecer, nuevas energías y un mundo alrededor lleno de vida, de alegría y de oportunidad. Lleno de personas que nos quieren y de personas que nos muestran, solo con una mirada, la tremenda fortuna que tenemos de no vivir sus dificultades. Es un momento para mirar al cielo, ver salir el sol, y empezar otra vez, una nueva vida.

miércoles, 27 de octubre de 2010

...paciencia

Parece una simple palabra, pero es mucho más. Refleja el equilibrio entre la intención y el ego, entre el deseo y el miedo, entre la niebla y los rayos del sol. Muchas veces no se reconoce como lo que verdaderamente representa, pero es como esas personas de una humanidad muy superior a su tamaño, desde fuera no imaginamos todo lo que albergan en su interior.
Es la palabra de los caídos, de los golpeados y de los que quieren avanzar. Es universal y no conoce situación donde no sea señal de cambio futuro, pero también a veces de resignación. Pocas palabras reflejan más fielmente el camino de la consecución profunda y a la vez la mayor de las justificaciones para permanecer estático, sin hacer nada por avanzar.
Como todo, los pequeños matices marcan la diferencia, y también el nivel de conciencia con que la apliquemos. La paciencia debe ser la capacidad de abstraer los deseos al día a día, de no esperar el retorno en la fecha y hora que nos dice nuestro ego, sino dejar que sea el universo quién decida la fecha de entrega… siempre después de que nosotros hayamos limpiado bien el camino a casa, sacado brillo al buzón, y abierto la puertecita para que el cartero que esté de turno no tenga ninguna dificultad en acertar el destinatario sin dar demasiadas vueltas.
Tan fácil y tan difícil. La paciencia no se tiene con nadie ni con nada, sólo con uno mismo. La paz interior la hace sencilla y natural, el desequilibrio la vuelve justificación de frustraciones y añoranza del futuro. Una de esas palabras que cuando no la usas es porque normalmente te sientes estar en el sitio adecuado.

martes, 19 de octubre de 2010

...lluvia de otoño

Las gotas de lluvia caen como proyectiles pesados. Las notas golpear tu cuerpo, arrítmicas e incesables. No hacen daño, ayudan. Ayudan a crear una barrera invisible que te aísla aún más de los demás. No sorprende que nadie se interese por ti, ahí tirada en medio de la acera. Hoy en día eso ya no sorprende a nadie.  El nivel de anonimato en el que nos vemos envueltos ha alcanzado cotas bochornosas, nos ha hecho perder la identidad como grupo, como raza; y nos ha sumergido en la más solitaria individualidad. La gente pasa y ni te mira. No se interesa por esa joven tumbada en el suelo, vestida, en posición fetal. No notas dolor, sólo la sensación de que la vida se te escapa. Tus ojos cerrados no son obstáculo para interpretar la escena. Esa quemazón en el estómago, tus manos flexionadas sobre tu pecho y el agua templada empapándolo todo. Tormenta de otoño que parece enviada para una purificación, para una limpieza de alma más necesaria que nunca. No sangras pero sabes que parte de ti se va desprendiendo, fluyendo, abandonando tu ser. Proyectas tu vida y piensas que no es mal final. Algo melodramático, pero apropiado para los últimos acontecimientos… tantas ilusiones rotas y tantos besos entregados, pero más importante aún, un paso más en la confirmación de que nunca encontrarás el puerto soñado donde amarrar, el prado húmedo de rocío donde tenderte y dejar que la humedad purifique tu cuerpo, la vida complementaria que acaba de dar sentido a un vagar de rumbo errático.
Te sientes más cansada, más aún, y los ojos ya no responden, no se obligan a permanecer cerrados… simplemente no pueden abrirse. Algún escalofrío recorre tu cuerpo, totalmente empapado ya por la lluvia de Octubre. El momento se acerca, lo sientes llegar. Justo en ese instante, oyes un susurro que viene de ningún lugar: “es el momento de la renovación…deja atrás el dolor, deja atrás la frustración, es el momento de la renovación”.
Notas que el agua cesa y una cálida caricia del sol llega a tu rostro, lo ilumina. Abres los ojos…miras alrededor y todo está igual, todo es lo mismo… todo menos tú. Bienvenida a tu nueva vida.

domingo, 3 de octubre de 2010

...tesoro?

Él volvía del "downtown" cruzando el río. Normalmente un paseo por esta zona de Chicago era un verdadero placer para la vista, pero más aun si se estaba celebrando "St. Patrick's Day". La ciudad y sus edificios reflejando el verde irlandés y un río teñido también de verde creando un efecto espectacular.
Pero el día tenía otra gran noticia, un delgado aparato metálico que cumplía el sueño de un apasionado de los "gadgets" como era él: un flamante Ipad que sostenía en su mano derecha como un nuevo tesoro en la era moderna.
Caminaba absorto, no veía las luces, ni el río casi fluorescente, ni las cientos de personas que se cruzaban junto a él. Sólo veía ese fin de semana que le esperaba, instalando aplicaciones, deslizando sus dedos por esa pulida pantalla táctil, acariciando su perfil metálico satinado como su fuera la piel de aquella novia italiana que nunca pudo olvidar.
Claro que estaba la familia. Para una familia de origen irlandés como la suya este fin de semana no es precisamente el más indicado para pasar todo el día en casa. Seguro que sus hijos y su mujer iban a querer ver el desfile de barcos por el río, hacer un paseo por el parque en plena ebullición... ufff.
Mientras pensaba en todo esto, su mal humor le iba atrapando silenciosamente, haciéndolo desaparecer de todo espacio y tiempo, como en un sueño profundo. El despertar fue abrupto. Una de las rejillas del paso peatonal en el puerto estaba levantada y tropezó con ella. Fue una décima de segundo, un acto reflejo para agarrarse a la barandilla, lo suficiente para hacer las veces de discóbolo y lanzar su flamante Ipad al rio, mientras todos lo veían girar como si de un disco de playa se tratase.
Tras tres segundos interminables el pseudo platillo volante amenizó en el agua, cerca de la ribera, flotando como una barcaza más. Él pensó que no todo estaba perdido y saltó de tres en tres los escalones que bajaban desde el puente a la zona de amarre de los barcos. Estaba justo detrás de dos pequeños botes, reposando aún sobre el agua tintada en verde. Dio un salto y puso un pie en cada uno de los botes. La sonrisa de verse tan cerca del rescate se vio truncada cuando las olas generadas por el movimiento de los botes hicieron que el Ipad oscilara hasta ponerse casi vertical y comenzara justo después a sumergirse en picado como aquella escena mítica de la película "Titanic".
Sus ojos se inyectaron en sangre, su corazón quería estallar, su furia era desmedida y él no estaba en absoluto dispuesto a rendirse; así que se lanzó al río con la idea de recuperar su preciado botín.
A pesar de la poca profundidad, la suciedad del río y el tinte aplicado al agua ese día hacían la búsqueda infructuosa. Él no salía a flote, sabiendo que si perdía un segundo más sería demasiado tarde para su objetivo. Siguió girando sin poder vislumbrar ni un brillo de su tesoro mientras apuraba aún más sus pulmones, que ya comenzaban a pedirle un poco de oxígeno fresco.
Mientras apretaba los dientes sabiendo que debía subir a respirar comenzó a notar cierto mareo por la falta de oxígeno y el exceso de tensión arterial, totalmente desbocada por la rabia. Dio dos brazadas desesperadas a la superficie, pero en lugar del cielo de Chicago encontró con su cráneo el fondo de uno de los botes en los que se había apoyado antes y que ahora vagaban a la deriva.
Con el último volumen de oxígeno que pudo mantenerle vivo creyó ver como su añorado Ipad volvía a sus manos, nadando grácilmente, pero no, no era más que una carpa de río plantada frente a él, mirándolo fíjamente, estática.
Le pareció ver, moribundo ya, que la carpa se encogía de hombros, como preguntándole cómo era posible que fuera tan terriblemente estúpido, pero posiblemente esa fue otra alucinación... la última.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

...curioso

Es curioso ver cómo vamos cambiando con el pasar de la vida. No me estoy refiriendo a la parte física, aunque mirando algunos conocidos de la infancia la palabra "curioso" puede quedarse hasta corta (supongo que alguno de ellos pensará lo mismo al verme a mi...), me estoy refiriendo a nuestro interior.
¿Recordáis aquel tiempo donde la vida no significaba nada si no podíais tocar la guitarra? ¿o aquel otro donde ganaste el concurso de chica más guapa del instituto y te viste desfilando por las pasarelas de medio mundo?
Hay millones de momentos más. Millones por cada uno de nosotros. Algunas de esas ilusiones, alegrías, vivencias, siguieron su curso. Se fueron amoldando y transformando con el correr del tiempo para ocupar el espacio adecuado en nuestras vidas, o ser arrinconados en ese baúl de momentos vividos, unos añorados, y otros deseando que la llave los mantenga bien ocultos por siempre jamás.
Pero esto, podréis pensar, que no tiene nada de curioso. Es cierto. Pero otros momentos importantes sí que lo son.
¿ Recordáis cuando dejasteis de sonreír como un niño, de emanar pura felicidad y comenzasteis a comportaros como un joven-adulto? ¿Recordáis el momento en que aceptasteis que vuestro sueño, aquello para lo que pensabais que habíais venido al mundo, no se podía cumplir? ¿Recordáis quién os convenció de eso, y que lo hacía "por vuestro bien"? ¿Recordáis cuando el día dejo de ser eterno y empezó a ser el justo para sólo cumplir con las obligaciones?
Lo curioso ni siquiera es saber si recordamos o no las fechas, sino que todos aceptamos esos momentos con una terrible naturalidad, cuando es precisamente lo menos natural para un ser humano, es renunciar a la esencia de cada uno de nosotros, la vida eterna y feliz de la conciencia, de aquella conciencia que todos explotábamos cuando éramos niños.
¿Lo más curioso de todo? Que aunque no lo creáis, podemos recuperar todo aquello que perdimos en el preciso instante en que nosotros queramos.

sábado, 25 de septiembre de 2010

...casas de papel

Hay personas que viven en casas de papel. Viajan incansables, de ciudad en ciudad, sintiendo que cada lugar podría ser aquel donde vivir toda la vida. Consiguen reconocer a un amigo en la recepción de un hotel, la barra de un pub irlandés, o en aquel deportista con el que coinciden de casualidad en ese parque cercano que encontraron para correr. Reconocen a un amor interminable en la mirada tímida al otro lado del supermercado, en la sonrisa breve de la joven del restaurante o en la risa sincera provocada  en esa huésped con la que coinciden en un inmenso ascensor.  A esas personas, hombres y mujeres, las imagino viajando con la casa a cuestas, una casa de paredes finas, sin cimientos ni pilares, que les da cobijo pero les permite seguir en ese movimiento incansable sin que el peso les hunda. Una casa de papel.
Mi casa no es así.
Mi casa es pesada, muy pesada y sus paredes son del grosor de los recuerdos de infancia, de los llantos de joven y las ilusiones de ahora. Con un hormigón  curado por el viento del dolor y la risa, del mar y la Giralda, de aquella explanada que siempre fue una gran campo de fútbol donde esparcir los sueños. Tiene cimientos que se hundieron en la tierra como garras de león, aprisionando el presente con principios, valores y familia. Cimientos de respeto, de sentido de unidad, de gratitud por personas que colaboraron más que nadie a lo que ahora reconozco al mirar a un espejo.
Yo viajo mucho también. Pero soy de maleta y postal. La maleta donde cargo lo imprescindible, donde dejo claramente mi intención de un viaje temporal. La postal no del destino, sino del origen. De mi casa de hormigón, de amor y de mar, de calor y sonrisas. De pasado y futuro, pero sobre todo de presente.
Admiro a aquellos que consiguen llevar su casa de papel a cuestas sin sufrimiento ni añoranza, sin melancolía ni la sensación de que sus paredes finísimas podrían ser un problema en las frías noches donde toda tu vida se cuela por la ventana y uno necesita un lugar cálido donde poder pasar la noche. Los admiro pero no los envidio. En esta vida global necesitamos nuestro opuesto para valorar nuestra posición. Agradezco a todos esos viajeros con sus casas de papel por mostrarme, con su ejemplo, que mis billetes siempre serán de ida... y vuelta.

sábado, 18 de septiembre de 2010

...paz interior

Ayer te dije de nuevo todo aquello que siento y sé que es duro de recibir. Posiblemente me viste nervioso, me temblaba la voz. Yo podía notar mi pulso acelerado y mi corazón bombeando con fuerza, pero mi mente estaba serena y mi estómago relajado. Me decía a mí mismo “sigue adelante, estás consiguiendo que salga directamente de tu corazón, estás consiguiendo que tu mente no interfiera, es lo menos que debes hacer por ella”. No fue doloroso, y tengo que confesarte que otras veces sí lo fue; pero algo ha cambiado en mí. He destilado emociones, evaporado dolores y fundido sufrimientos. De toda esa alquimia ha nacido energía. Una energía renovada y sincera que se emplea, generosa, en un fin tan noble como decirte todo aquello que yo quería decir pero, sobre todo, que tu necesitabas escuchar.  Tu mirada, falta de sorpresa pero con gesto de negación, me viene a confirmar que tu alma lo entiende pero tu mente no.
La verdad es que me cuesta prometerte que no te lo repetiré, porque me importas demasiado. Uno no puede ver estrellarse algo que tanto  ha querido  y quedarse tan tranquilo… yo al menos no puedo. Sin embargo sabes que me prometí que sería la última, y eso intentaré. Es la primera vez que tengo esta paz interior, y no lo interpreto como una desconexión, como un alejamiento. Prefiero interpretarlo como que estoy más cercano que nunca, que te siento latir, que veo en ti mis virtudes y mis defectos, que somos uno solo. Una paz interior dando indicios de de conciencia, de amor, de tolerancia… y por qué no decirlo, de un poco de melancolía. 

martes, 14 de septiembre de 2010

...gracias Rafa.

El era un niño, sólo un niño, eso sí, de buena familia. Uno de esos que, sencillamente, puede elegir a los 12 años la rebeldía más absoluta, la desidia para vivir del cuento, una vida aburguesada con un trabajo burgués o la búsqueda de un sueño. Su cuarto era amplio, no como el de la mayoría de los chicos de su edad, pero las paredes si eran como todas. Repletas de estrellas, de sueños, de posters de personas que él idolatraba y en cuyas vidas se ponía una y otra vez cuando soñaba despierto. La vida del que sigue un sueño es un mundo de ilusión, pero no es un cuento de hadas. Requiere sacrificio, separarte de la vida normal de un chico de su edad, sufrir esfuerzos, envidias, rencores... pero su familia no solo era buena en el sentido económico, sino también en el de tener la suficiente inteligencia para que el sueño de un hijo no se convirtiera en pesadilla. Suele decirse que la vida te da las cartas, pero tú decides cómo jugarlas, y él decidió jugarlas con valor, con esfuerzo, pero sin perder los valores principales. La ambición no estaba acompañada de rencor, el espíritu competitivo no lo acompañaba la falta de deportividad, los sueños de ser aquellos cuerpos que colgaban en los posters nunca le llevó a mimetizar los malos gestos ni a desviar su atención de su objetivo, la gloria.
Hay un mundo paralelo de ofertas irrechazables. Una parte más de esa gran prueba que es conseguir algo que sólo algunos superdotados pueden conseguir. La prueba es gestionar las ofertas como una persona de cincuenta años, cuando solo tienes dieciocho y unas tremendas ganas de vivirlo todo.
Hoy sueña, sigue soñando. Sueña con muchos jóvenes, chicos y chicas, que sueñan con él. Imagina sus habitaciones, grandes o pequeñas, colmadas de posters de él...gritando...sudando...levantando trofeos. Imagina su cara de felicidad una madrugada cualquiera, cuando piden permiso a sus padres para ver, en la distancia una nueva gesta de él.
Luego despierta, levanta la mirada, y en la penumbra del hotel reconoce un nuevo trofeo, uno más, pero uno especial, el que le faltaba conquistar para pasar de estrella a mito, de increíble a irrepetible, de profeta en su tierra a dios en el universo. Recuerda un segundo aquella habitación tan diferente, aquella de su niñez... sonrie, y comienza a pensar en el nuevo desafío, en aquel que hará que muchas otras habitaciones del mundo sigan sosteniendo su imagen como icono e ilusión de millones de otros niños. Suerte Rafa... y Gracias!

miércoles, 8 de septiembre de 2010

...fin del verano.

El verano se acaba. Quizás no como estación, pero sí en todo aquello que representa. Las vacaciones, el descanso, estar con tu gente y hacer todas esas cosas para las que has esperado tanto tiempo;cosas que no se pueden hacer en el día a día que nos absorbe el resto del año. Ahora sólo queda la depresión postvacacional... o no.
Depende de si quieres que tu vida esté dominada por unos ritmos que tú no marcaste, y que además, posiblemente no son los que desearías. Depende si prefieres no pensar demasiado si hay que vivir el día a día como sólo un trámite mas o menos asumible hasta que lleguen las vacaciones (o el fin de semana). Es tú decisión también si quieres limitar tu trabajo a "eso que hago para pagar la hipoteca" y por supuesto puedes seguir quejándote de que el trabajo que haces no te gusta demasiado, pero que "tal y como está la cosa ahi fuera...".

Yo os confieso que he pasado un verano genial. Pero la vuelta al trabajo no ha traído ninguna depresión. Una nueva dinámica, cosas por hacer, proyectos por comenzar y, sobre todo, el convencimiento de que estoy donde debo estar, que es el camino adecuado, y que cada paso hay que saborearlo con ilusión, como un regalo. Vuelvo a mis largas jornadas de trabajo, pero llega el final del día y casi no me doy cuenta, señal de que he pasado la mayor parte del tiempo centrado en cada momento en lo que me tocaba hacer.

¿Por qué no podemos sentirnos tan bien todos los días del año como cuando estamos de vacaciones en verano?¿es una cuestión de actitud o es quizá que no acabo de estar dónde debería para que las vacaciones no sean una liberación, sino simplemente la oportunidad de hacer cosas diferentes condensadas en un momento determinado? Yo estoy convencido de que cada día puede ser especial, de que ser consciente de lo que haces a cada momento te aparta de las prisas y de los miedos, porque ninguno de ellos existen en el presente, sino en una mente donde lo que proyectamos es el futuro. Es como intentar disfrutar de un capítulo de "Friends" cuando tu sólo estás pensando si serán buenos o no los chistes que sacarán en el capítulo de mañana.
Quiero que siga este verano mío atemporal que he descubierto, de sosiego y felicidad, fuera de toda estación. Afortunadamente, sólo depende de mí.
Piensa que el tuyo, el que te hará feliz, sólo depende de ti.

miércoles, 11 de agosto de 2010

...coincidencias

Un día de verano Siip iba paseando con sus padres. Hacía calor y para refrescarse un poco decidieron entrar en una librería, y ver si algo les llamaba la atención para llevarse a casa y disfrutar de esas tardes donde el cielo se nubla y no apetece tanto irse a la playa. Entraron y empezaron a ojear. Se notaba que era temporada de vacaciones porque los libros que inundaban los estantes eran de entretenimiento y aventuras, grandes dibujos y colores atractivos. Uno le llamó especialmente la atención, tenía el lomo rojo y un acabado brillante que relucía en todo ese estante. Se puso de puntillas para agarrarlo y antes de que sus talones hubieran retornado al suelo, sus ojos tras sus gafas se pusieron como platos, no podía creerlo. El libro se llamaba "Siip y la bruja del tren" y era un cuento de pocas páginas que ilustraba su portada con un chico más o menos de su edad... moreno y con gafas... como él. No daba crédito a tanta coincidencia, un cuento donde el protagonista se llamaba como él, y físicamente tenía bastante parecido también. "Bueno" - pensaba-  "yo soy mayor que él, este del cuento es más niño que yo".
Inmediatamente recordó esa película donde el protagonista vivía en una película de la que no era consciente hasta que empezó a preguntarse muchas cosas que, para la mayoría de la gente, se  dan por supuestas. Se sentó y se quedó ensimismado mirando la portada... "¿y si todo era un cuento también? ¿ y si mi vida no era más que la invención de un joven escritor moviendo sus imaginarios hilos de marioneta? ¿y si esos padres maravillosos no eran más que parte de la historia?"... pero él podía mirarse, tocarse, abrazar a sus padres. Era todo real, o al menos eso quería creer él. De repente, vio que sentía un nudo en el estómago, y que una sensación de pánico le impedía abrir el cuento. ¿y si había mas coincidencias? ¿y si realmente su vida, lo vivido hacia poco menos de un año.. o quizá dos, estaba allí reflejada?
No podía ser.. hace algún tiempo ya aprendió como controlar esos ataques de pánico gracias a una gran amiga, y pensó que era solo un cuento con una extraordinaria coincidencia, y que se lo iba a llevar para leerlo tranquilamente. Su cuerpo se relajó y abrió el cuento por la primera página; era una dedicatoria del autor a todos los que le habían inspirado, ayudado, colaborado en la ilustración del cuento... una página más y la historia comenzó.. justo cuando su padre le llamó para salir de la librería; eso si,  con el libro bajo el brazo.

jueves, 5 de agosto de 2010

...conquista

En ocasiones da la sensación de que intentamos conquistar el mundo dejándonos el lugar más preciado en total abandono: nosotros mismos.
Es más, muchas veces no simplemente lo olvidamos, sino que directamente lo profanamos y pisoteamos en busca de algo, en teoría, mucho más importante.
Sin armonía ni equilibrio en tu vida, no hay conquista duradera, es decir, no hay conquista alguna pues conquistar no es llegar y agarrar, sino que es conservar y mantener después. Y sin la participación del alma, sin la sensación de que aquello que conquistamos enriquece nuestra alma, saldando ilusiones previas profundas, no hay armonía ni equilibrio.
Hoy es muy sencillo poner un velo sobre el alma, aislar su voz, y seguir otros caminos. Nos han condicionado y enseñado a eso. Nos han transmitido a través del miedo un escenario de dolor que sólo se puede vencer, en teoría, con conquistas materiales que sólo algunos nos pueden decir cuáles son.
El alma aparece en una urna de cristal templado que lo aisla del individuo y no le permite mostrar el verdadero camino de la conquista.
El primer objetivo debe ser la liberación. Y no la del alma, porque ésta no es confinable, sino la de nosotros mismos. La liberación que nos permita una conexión profunda con nuestro ser. Con esa conexión especial que nos mantiene VIVOS (con mayúsculas) en el camino de la realización real y no de la que nos impusieron.
En ese recorrido, en ese territorio de conciencia profunda no tiene sentido la conquista del mundo, porque somos dueños de todo; o mejor dicho, somos parte de todo, de un todo Universal.
Venimos de la nada, de un milagro de energía e intención, de una voluntad correspondida... y allí volveremos. Nadie conquista aquello que ya posee ni nadie defiende nada si comparte todo con el resto de fuerzas de la naturaleza.
Cuando entendamos que todos somos UNO, y que todo lo que existe forma parte de él, dejaremos de tener ansiedad por una conquista ficticia y frustrante.

jueves, 29 de julio de 2010

...la única salida

Ella corría desorientada intentando no levantar demasiado la cabeza. Temía hacerlo y enfrentarse a las miradas del resto de personas. Lo había notado con el panadero, que en vez de mostrarle su habitual indiferencia, había clavado en ella unos ojos oscuros y profundos, mostrándola indefensa y desnuda en este mundo tan peligroso en que se había convertido su nuevo vecindario.
Igual con el vecino que se  cruzó en la esquina, la señora regordeta de la parada del bus, que la miraba con la misma cara de asco y desilusión que seguro le ponía a a comida que tiraba a regañadientes cuando estaba a punto de estallar; el conductor o el vendedor de prensa. ¡Ni siquiera el vendedor de prensa! Podía oir las risas salir desde la caseta donde se mantenía recluido, rodeado de papel por todas partes, y era llegar ella frente al mostrador y su semblante parecía el de un asesino en serie... o aun peor, el de un buen hombre cara a cara con el asesino en serie de su hija.
" Pero, ¿qué puedo hacer yo? Lo he intentado todo. El psicólogo me dijo que sólo yo podría cambiarlo, pero llevo meses visitándolo, esforzándome día tras día, y cada vez es peor, cada vez son mas los que me repudian. También el sacerdote, aquel curandero que fui a ver una tarde; incluso la única persona que me ha regalado una sonrisa últimamente, ese chico que siempre está jugando a baloncesto en el parque, todos me han dicho lo mismo". "Nadie te está juzgando caprichosamente, eres tú la que lo has provocado, y cada vez se hace peor."
El día pasó vertiginoso, plagado de miedo, sintiendo la ira, escondiéndose como una fugitiva, y esa noche decidió que no viviría así ni un día más. Si el problema estaba en ella, lo asumiría de una vez.
Compró unas velas, soportando la mirada inquisitiva de los chinos del bazar. Subió corriendo las escaleras y cerró violentamente la puerta tras ella. Aún jadeante puso unos cojines en el suelo, los roció con alcohol, y se sentó encima de ellos, sintiendo el penetrante olor que inundaba la sala.
Encendió las velas y las puso alrededor. Tomó un cigarrillo y le dio una calada profunda... pero no le supo a nada. Mientras, acercó la cerilla a su cara, notando el calor que desprendía.
Mientras dejaba caer la cerrilla sobre los cojines empapados de alcohol sobre los que ella reposaba notó una sensación profunda de paz y, justo después, un fuerte golpe de calor sobre su cara. Pegó un salto y vio como el sol calentaba su piel casi hasta quemarla. Estaba en la cama, empapada. Todo había terminado justo cuando le decían, justo cuando ella quiso. Había despertado.

domingo, 25 de julio de 2010

...almas gemelas

Ellos sabían que había algo especial. No era la relación típica. Una conexión más allá de la amistad, del cariño, del amor, existía entre ellos. No necesitaban hablarse para saber qué necesitaban, ni siquiera necesitaban mirarse. Mientras otras parejas se quedaban extrañadas con sus risas al mismo tiempo y sus reacciones parecidas, ellos sabían que aquello siempre estuvo allí.... incluso cuando ellos no estaban. La energía siempre estuvo allí... miles de años atrás, millones de años desde aquella gran explosión donde todo era una sola cosa, donde el universo no era más que una estrella a punto de estallar.
Seguro que dos ondas muy cercanas salieron disparadas en aquel momento ancestral y estuvieron incansables buscándose de nuevo, añorando tanto tiempo atrás de formar parte de la misma entidad, y en su duro peregrinar, mientras se acercaban, no dejaron de dar la chispa de  vida a un cachorro de perro, calor al corazón de un oso polar, rumbo a una gaviota.
Un día esas ondas sintieron que algo les llevaba al mismo lugar, y con ellas, dos cuerpos anónimos perdidos por la ciudad. Una le lanzó a la otra un aviso luminoso a través de unos ojos verdes, y la otra sonrió desde él sabiendo que su alma gemela, millones de años después, volvía a estar a su lado. Hoy él esta lejos, muy lejos, viviendo la vida de cualquier mortal. Cansado pero sereno mira hacia el cielo y sonríe a la inmensidad. Al instante, ella se gira, respira profundo y esboza una sonrisa en medio de un sueño del que no quiere despertar. Sólo hay un océano que separa los cuerpos; prácticamente nada para dos almas gemelas que vivieron separadas toda una eternidad.

miércoles, 21 de julio de 2010

...todo controlado

Aquella mañana le dijeron que todo estaba controlado. Llegó en un 4x4 lo más cerca que pudo de la orilla y antes de bajar se colocó, con cara de hastío, unas botas de goma negras y resguardó dentro de ellas sus pantalones.
Oteó el horizonte y pudo ver nítidamente aquella línea donde el cielo se fundía con el mar; más nítidamente que nunca. El mar era una inmensa mancha negra.
Se fue hasta el puesto de operaciones, con mucho cuidado pues todo ese petroleo del suelo podría mancharle el traje con alguna salpicadura. Allí estuvo viendo que finalmente al fuga se había controlado. Revisó nuevamente los datos, costes, equipos, días, y los tradujo en millones de dólares. Ya sabía que lo peor para él había pasado. En pocos días los periódicos de todo el mundo, todas las radios y televisiones mirarían para otro lado y el acoso cesaría. Ahí quedaría libre para negociar con el gobierno, recordar sus aportaciones a los partidos políticos, lobbies y otras instituciones; y la imposibilidad de mantenerlas si tuviera que asumir el coste total de la catástrofe. Habría un acuerdo con correctivo de cara a la galería y subida de precios encubierta para retornarlo.Una sonrisa de satisfacción parecía evadirlo del desastre que tenía frente a él.
De vuelta al coche tropezó con algo. Miró hacia abajo y vio un ave enterrada en petroleo. Con una patada la trató de apartar de su camino, pero el ave no se movió un milímetro;tampoco su pie, que quedó atascado. Intentó empujar con la otra pierna pero perdió el equilibrio y calló de rodillas. Miró hacia atrás y vio como el ave, con ojos inertes pero abiertos  y cubiertos de alquitrán parecía tener una mueca diferente, agresiva, vengativa. Intentó empujarlo de nuevo para quitarse esa visión incómoda que golpeaba su conciencia pero sus rodillas deslizaron hasta caer boca abajo en el lodo negro.
El olor era insufrible. Animales en descomposición en un lago de petroleo. Allí donde antes había una arena dorada y un mar azul.
Comenzó a marearse, sus brazos y piernas luchaban en el lodo, pero lo único que conseguía era hundirse más. Poco antes de perder el conocimiento hizo un último esfuerzo y levantó la mirada buscando a su chofer. Estaba dentro del coche, inmóvil, mirándolo impasiblemente. Ahí sintió que todo se estaba acabando, que su oportunidad había pasado. Una vida de elecciones tomadas a su favor, pero contra el resto. Una justa venganza de todo aquello que profanó. La naturaleza, pura e infalible, una vez mas dictó sentencia castigando a aquellos que un día dejaron de entender que son parte de ella.

lunes, 19 de julio de 2010

...ego

El ego es el problema. Es la fuente de todos nuestros males. Pensamos que el ego nos protege, nos diferencia, nos hace especiales, y lo único que hacemos con eso es alejarnos de nuestro ser verdadero, que no es otro que el universal. No somos nada por nosotros mismos, somos simplemente una imagen proyectada en un tiempo mínimo de una energía universal. Es cuando entramos en unión con el resto del universo, cuando lo que hacemos va alineado con él, cuando las cosas realmente ocurren de manera natural. La envidia, los celos, el odio, la frustración, el miedo... todo parte del ego, pues supone al otro como algo externo a mi, y no como una misma proyección de nuestra energía universal. Cuando proyectamos odio hacia alguien, nos estamos sumergiendo en odio nosotros mismos. Cuando deseamos el mal de alguien, estamos deseando el de nosotros mismo. La única posibilidad está en actuar como parte de algo mucho mayor, como una de nuestras células participa en el cuerpo humano con generosidad y respeto, haga la función que haga.
Hay que vivir sintiendo que toda nuestra aportación, todo aquello que podamos hacer, forma parte de un patrimonio mucho más extenso que el nuestro propio. Que nada nos pertenece pues cuando venimos, venimos sin nada, y cuando nos vamos, nos iremos sin nada. Seremos una fuente de energía que deja un ser material y ocupa otro y todo empezará de nuevo. Siente que frente a tí no tienes a alguien como tú... sino que realmente estás tú.. y tu concepción de la vida y todo lo que la rodea cambiará radicalmente. Si encima te tratas y tratas a los demás con respeto y esperando lo mejor de cada uno de ellos..componentes del mismo universo, la vida, incomprensible, indescifrable... injusta para muchos, cobrará sentido.

jueves, 15 de julio de 2010

...peques

Me maravilla como le brillan los ojos cuando sonríen, sinceros. Naturales y frescos dejan salir sus emociones y sus deseos sin freno.
Me encantan esos dos segundos que pasan inmóviles justo cuando acabas de explicarles aquello que te acaban de preguntar; los ojos como platos y la boca abierta. Imagino su cerebro como una inmensa biblioteca y unos duendes justo acabando de escribir todo eso que acaban de oír, mientras otros dos esperan impacientes para salir corriendo a archivarlo en el sitio que corresponde "¿dónde estaban guardadas las explicaciones sobre cuando uno puede bañarse en la piscina?.. humm.. ¡ aquí! Y, de repente, la boca abierta se transforma en una sonrisa que quiere decir: "ya lo tengo controlado y archivado, podemos seguir jugando".
Y luego está esa capacidad para captar en el aire aquello que realmente desean. Los ves tranquilos, embobados, casi en otro mundo viendo su serie favorita... no existe nada más. Pero, de repente, en una conversación al lado de ellos alguien menciona "chocolate", "piscina", "regalo", y la maquinaria de espionaje se pone en marcha. Por el rabillo de sus ojos aparece una mirada disimulada de una décima de segundo que vuelve a centrarse en el televisor, pero ya no ven nada de lo que tienen delante; sólo están atentos a ver si aparece de nuevo la palabra "mágica" a la que van respondiendo con medias sonrisas y nuevas miradas furtivas.
Son cariñosos y malvados, pícaros e inocentes, generosos y ambiciosos, tranquilos y revoltosos. Son todo aquello que un ser humano puede ser; pero no todo depende de ellos.
Están en nuestras manos. Gran parte de su vida depende de nosotros. Potenciemos su amor, su creatividad, su pasión, su bondad, su simpatía, su compromiso... y dejemos que el destino haga el resto. Será la felicidad de ellos y la satisfacción de los que pasamos cerca en algún momento de su vida.

lunes, 12 de julio de 2010

...cambios

Si lo que nos dicen es cierto, nos queda mucho por cambiar. Visualizar el éxito en vez de lamentarnos por la mala suerte. Atacar con firmeza el "voy a hacerlo" frente al "no sé si podré". Difuminar por el aire pensamientos positivos que consigan atraer a esos otros que la naturaleza esparce aleatoriamente, en lugar de dejarnos influenciar por todos los impactos negativos que la sociedad actual se empeña en proporcionar. Aceptar la realidad desde el agradecimiento de lo que te aporta, frente a la queja de aquello que aún no cumple con los deseos del pasado. A mi, de entrada,  se me antoja mucho cambio.
Quizás esa sea la razón por la que los que te dicen que es "El Secreto" para la vida plena y la felicidad parecen tan lejanos a tí...y tan reducidos en número, porque dada la vida que llevamos, conseguir ese cambio mas que algo natural, es poco menos que una hazaña.
Para no contradecirlos, no diremos que es una quimera o un imposible, o una simple estrategia de marketing para cazar adeptos en esta época donde los referentes aparecen como setas en el bosque, en búsqueda de almas desorientadas. Diremos que es un camino donde el recorrido puede hacerse lento pero seguro, o más rápido pero abrupto, y en ambos casos requiere de valores importantes: valentía, constancia, arrojo, honestidad (al menos con uno mismo). Cuando uno intenta tomar el camino de aquello para lo en su alma dejó grabado el destino es necesario ir a lo fundamental, a lo más básico del ser, y ahí aparecen los valores.
Es cierto que, pensando un poco, uno quizá encuentre y sepa reconocer aquellos momentos de la vida, buenos o malos, que partieron de una idea en la cabeza y luego todo fue surgiendo.... hasta llegar a la culminación de la misma, casi sin esfuerzo.Probablemente el esfuerzo estará en hacer que eso que va surgiendo frente a nosotros, como una partitura armónica de nuestra vida, tenga nuestros arreglos para que estrofa tras estrofa, consigamos interpretarla sin desafinar en felicidad.

jueves, 1 de julio de 2010

...contra quien?

 Es cierto que las libertades de la persona terminan donde comienzan los derechos de otra. Es cierto que no debemos perjudicar a una persona buscando nuestro beneficio. ¿Pero qué pasa si me siento pisoteado, traicionado, esclavizado en mi trabajo (en la medida que sea) y la labor que hago es un servicio a terceros? Esta situación  no es tan fácil de juzgar. Entiendo que si una persona siente que debe mostrar su desacuerdo, busque métodos para lograrlos. Infelizmente en la sociedad actual, la mayoría de las acciones para solventar un problema son proporcionales a las repercusiones de la protesta, al daño que previamente ha causado por parte de las personas que las hicieron aflorar al resto de la sociedad. Si los sindicatos del metro de Madrid hubieran realizado una nota firmada por todos sus trabajadores y la hubieran enviado a sus jefes y superiores reclamando coherencia, negociación previa, y una mesa de diálogo para llevar a buen puerto la actuación que pretendían  imponerles “por decreto”, no habrían recibido ni una mala respuesta; quizá les habría llegado el sonido de las carcajadas desde sus confortables despachos. Hemos creado un sistema en el que yo, si tengo el poder, te escucho atentamente sólo hasta el momento en que pienso que lo que dices me puede perjudicar… a partir de ahí… en mi cabeza empiezan a mezclarse sensaciones de hastío, desagrado, y superioridad… y mi reacción es la contraria, me vuelvo agresivo en mis acciones contra ti… pobre asalariado. Cuando además el servicio que se da es público, cuando esa persona que llega tarde a su trabajo no encuentra alternativa pública de transporte porque alguien decidió no cumplir servicios mínimos para hacer de su reivindicación un acto de repercusión pública internacional, a pesar de que él paga impuestos de su trabajo para subvencionar ese servicio, es difícil que pueda entender los posibles derechos que esas personas puedan tener. Pero para todos, lo que es más difícil de entender es que, sobre todo desde hace pocas décadas, la riqueza económica tienda a acumularse en unas pocas personas mientras la gran masa social va reduciendo en los momentos de crisis sus posibilidades de bienestar. Si sirve de consuelo, hace un tiempo leí que una sobreviviente del holocausto decía que sobrevivió porque la escondieron unos amigos cuando los nazis venían por ella, y que la riqueza se debería medir por el número de personas que serían capaz de esconderte, arriesgando su propia seguridad, para protegerte en una situación como esa. En aquel momento, ella descubrió que era una mujer inmensamente rica. Posiblemente, con este baremo, la pirámide de riqueza actual aparecería invertida.

miércoles, 23 de junio de 2010

...desde mi ventana

Un mosaico verde y dorado sirve de alfombra perfecta al incesante paso del tren.
Girasoles cabizbajos y enfadados dan la espalda a un Sol fatigado ya a estas horas de la tarde, perdiendo ese magnetismo natural que desborda cada mañana. Las ramas de los árboles, viejas conocidas de este galán empedernido, mueven las ramas con la ayuda del viento tratando de refrescarlo un poco; pero sin mucho éxito. El Sol poco a poco va sonrosándose, quizá extenuado, o tal vez ruborizado por la belleza de la Luna.
Zonas extensas recién cosechadas con sus balas de paja esparcidas, como si fuera el parque de las vacas que pastan alrededor, con sus bancos listos por si alguna se cansa. Los caballos, tan suyos, prefieren compartir animadamente un rato en grupo al lado del abrevadero, son más de barra de bar.
En la inmensidad de la explanada, acordonada por los molinos de viento para que nadie se cuele a este escenario tan particular, un campesino, solo, ante la silenciosa expectación de los olivos más jóvenes, representa a la perfección la obra de su vida.
Un joven, como salido del futuro, con ropa fluorescente y gafas angulosas, trota sin caballo por caminos que hace mucho, quizá fueron devorados por fieles corceles de astutos bandoleros en otro huida precipitada del invasor, o del hambre.
Va pasando el tiempo y el Sol parece que decide retirarse. Ha bastado un susurro de brisa enviado por la Luna para convencerlo. Silencioso ha subido a esa colina desde la que suele volverse un segundo, mirando que todo está en orden, para justo después ocultarse a descansar.
De repente, mientras un potro juega apurando las horas con su madre, la penumbra va corriendo el telón. En el reflejo de la ventana unos ojos curiosos, una hoja llena y la sensación de haber asistido a la representación más maravillosa.
Entre ipods, portátiles y teléfonos móviles da la impresión de que al resto del tren no lo habían invitado a la proyección. Era gratis, sólo pedían una entrada de soñador.
Van Morrison, amenizando la velada, tampoco ha querido perdérselo. Los soñadores; como aquellos caballos en su bar imaginario; también suelen asociarse.

lunes, 21 de junio de 2010

...vivir

Un segundo estás riendo, relajado, en el avión con tu pareja volando felices de inicio de vacaciones... y al segundo siguiente estás agonizando en el asiento mientras tu pareja grita, los demás llamamos a la azafata para que haga algo y un médico anónimo recorre veloz el pasillo intentando ayudar.
No es que quiera empezar con un párrafo deprimente que arruine el día y todo lo demás que se pueda escribir, ni siquiera es el relato manido de una película americana de bajo (o no tan bajo) presupuesto; es simplemente la realidad de la vida.
Muchos podemos vivir con la sensación de que vamos a durar hasta los noventa, que es poco más o menos la esperanza de vida que actualmente se proyecta en nuestra sociedad. Esto nos tranquiliza, nos hace posponer planes más “arriesgados” para cuando sea el momento. También nos hace trabajar duro porque hay que estar “listos” para el futuro, para cuando no tengamos tanta energía y en vez de aportar, necesitaremos consumir. A otros, incluso, esa visión de un final tan dilatado les lleva a la más profunda depresión por esa vida tan infeliz que sienten llevar y que parece casi infinita.
No hay que preocuparse, podemos morir dentro de media hora, un día, tal vez la semana que viene ¿de qué preocuparse?
Me equivoco, quizás si hay que preocuparse por algo, ¿cuándo vamos a empezar a vivir de verdad? ¿Cuándo tomaremos la decisión de que vivir para el mañana significa no exprimir el hoy? ¿Cuándo será el día?.
Parece que el pasajero de delante estabiliza el pulso y ya está aceptando mejor el oxígeno que le están suministrando. La cara de su acompañante comienza a tener color de nuevo. El resto del avión parece que va retomando los diálogos que se habían cortado abruptamente hace unos quince minutos; interminables quince minutos.
Seguro que a todos nos tocaba vivir la experiencia y por eso nos llevaron juntos a diez mil metros de altura para que ninguno pudiera mirar para otro lado y escapar, como hacemos a menudo cuando pisamos tierra firme.
Aún quedan cuarenta minutos para aterrizar. Tiempo más que suficiente para decidir cuándo empezaré a vivir sin miedo a nada que no sea una amenaza real, a nada provocado por el miedo de una sociedad que olvidó hace tiempo vivir y disfrutar  cada día como si fuera el último.

miércoles, 16 de junio de 2010

...espejos de circo

Siempre me ha sorprendido bastante ver ciertos taxistas en Miami que hace tiempo superaron los sesenta años (algunos incluso mas) y siguen dedicando unas horas al día a llevar de un sitio a otro a errantes como yo. No lo hacen por placer, tampoco por vocación, ni porque quieran emplear su vejez en dar conversación en “spanglish” con acento cubano al que se cruza en su camino. Lo hacen porque sin este trabajo no tendrían cobertura médica en los Estados Unidos.
Me da una mezcla de rabia y tristeza verles, con sus manos afiladas, huesudas, manchadas por el sol del Malecón en su niñez y por el de Los Cayos en el otoño de su vida… y una mirada melancólica tratando aún de reconocer El Dorado, el paraíso, entre las palmeras de aquella ciudad a la que llegaron muchos años atrás cargados de ilusiones.
Uno te cuenta que era doctor en La Habana, otra bailarina del Ballet Nacional de Cuba, todos felices por la decisión de haberse marchado, pero también sintiendo que sólo fue una salida hacia delante que ahora, en la etapa final, continúa volviéndose contra ellos.
Mientras, en España, en el país de los beneficios sociales donde los jubilados de medio mundo vienen a retirarse y disfrutar de nuestro tipo de vida y sanidad pública, comienza a hablarse de reducciones en la jubilación y de la necesidad de planes de pensiones pagados por los contribuyentes.
Me da la sensación de haber entrado en un circo de los antiguos y estar mirándome en un espejos que me deforma; sólo que no soy yo sino España y es espejo es el mismo donde aquellos cubanos se miraban antes de partir.

...sueño despierto

Sueño despierto que vivo en un mundo cargado de ilusión, no de ambición. Un mundo donde la gente lucha por lo correcto, trabaja donde se siente realizado y consigue levantarse feliz cada mañana.
Un mundo donde la convivencia esté amparada en el respeto y la libertad, en reconocer que mis derechos adquiridos nunca pueden significar el sufrimiento del vecino...donde cuando dos personas se cruzan en la soledad de una escalera se miran a la cara y se saludan.
Sueño despierto que ninguna moda, ninguna campaña de marketing, frustra a ninguna persona por no responder a ciertas medidas de su cuerpo, ni tampoco obliga a niños de once años a vivir vidas de personas de veinte. También sueño que esas prendas que se venden no las están haciendo niños de siete años en los países del tercer mundo, porque están estudiando, jugando, viviendo como un niño de siete años debería vivir.
Veo un mundo donde la malaria, el cancer, el sida, no son el azote de inocentes y están bajo control, porque hace mucho que el presupuesto de armamento desapareció y derivó a investigación médica, medioambiental y fondos de cohesión y desarrollo.
Sueño despierto con muchas cosas, pero sobre todo sueño con personas que sueñan, que contagian y que hacen soñar. El día que todos soñemos despiertos el sueño será la realidad y la realidad sólo una lejana pesadilla. Por favor, no me despertéis del sueño... ¡soñad!

...un mensajero

Un mensajero me entregó hoy una nota tuya. La abría ansioso y dentro había una sonrisa.
Aun no acabo de entender cómo sabes exactamente lo que mi corazón necesita para sentirse bien.
Los mensajeros de hoy no van en corcel, ni aceptan propina, son pantallas brillantes y silenciosas que trasladan deseos a la velocidad de la luz.
El ser humano necesita tanto las sonrisas, las palabras y las imágenes que nos llevan recuerdos, amor y felicidad, que inventa mensajeros de otra época; quizá menos románticos, pero mucho más útiles.
A fin de cuentas, lo importante es el mensaje. Por cierto, espero que la nota de amor que le dí para tí ya ocupe su pequeño lugar en tu corazón.

jueves, 3 de junio de 2010

...ando buscando

Ando buscando a un chico que no sé bien por dónde anda. Diría que se ha perdido.
Lo he buscado por las calles "Del Progreso", porque cuando era joven le decían que con trabajo, estudios y voluntad podría caminar por esas calles directo a la felicidad. Allí nadie lo ha visto y muchos están sentados en el suelo porque esas calles las acaban de cortar por reformas.
Estuve en la plaza "De la Esperanza", pero me dijeron que se fue precipitadamente cuando le contaron que allí sólo resisten el frío de la desazón nocturna los valientes, los que nunca esperaron un camino más sencillo tras los traicioneros senderos iniciales de la vida.
He probado en el barrio "Del Olvido", pero no recuerdo qué me dijeron. Eso sí, por allí tampoco estaba. Me acordaría.
Me sugirieron que pasara por el "Bulevar de la Melancolía", una gran avenida concurrida por aquellos que, desorientados y confusos, la recorren arriba y abajo, una y otra vez, pensando en lo que no fue y pudo haber sido, en tiempos mejores cortados de forma abrupta en medio de la espesa niebla. Allí me dijeron que le suena su cara, que pasa por allí de ven en cuando, pero que luego se va buscando otro camino, hasta ahora sin éxito.
Esta noche desperté pensando que quizá busque abrigo bajo el "Puente del Amor". Allí donde los desorientados encuentran el cobijo  en los susurros enamorados, las templadas caricias y los revitalizantes ánimos de los amigos; esperando que la noche incierta deje lugar a los rayos de sol de la vida renovada. Tendré que ir a mirar allí.
Por favor, caminante que leas esta nota en la pared de los lamentos, si te encuentras con él decidle que lo ando buscando. Si alguno de vosotros es ya un experto conocedor de las calles de la "Ciudad de la Vida" que tenga el detalle de al menos guiarlo a un lugar tranquilo y ponerlo en la ruta adecuada. Es una ciudad con demasiadas esquinas peligrosas, demasiadas aristas de dolor.
Estoy seguro que aquel que lo haga conseguirá su parcela de terreno en el "Jardín de la Felicidad", o, como mínimo, algún paseo por el "Río de la Conciencia", donde sólo navegan las buenas almas que habitan en esta ciudad.

domingo, 30 de mayo de 2010

...naturaleza viva

No recuerdo muy bien en qué momento mi juventud me alejé físicamente de la naturaleza. Aquellos domingos con la familia, días de primavera de árboles con copas verde intenso y aroma de tierra húmeda por el rocío de la mañana.
Los paseos, el sonido de los pájaros, el riachuelo de agua helada donde se metían las botellas de refrescos en una cesta atada con una cuerda.
Aquellos domingos donde los amigos eran tus padres y tus primos; y los juguetes no se traían de casa, ya estaban allí.
Hoy me ha venido a la mente la imagen de unas manos pequeñas, las mías, hace años. Hundiéndose en la arena mojada y volviendo a surgir trayendo sobre ellas una erupción de vida, arena, hormigas... y hasta alguna lombriz de tierra. Nada de lo que asustarse ni sentir asco, nada más natural que la propia Naturaleza.
Árboles de troncos surrealistas, curvados y desfigurados como "El grito" de Van Gogh. Troncos para acariciar, abrazar y ponernos a prueba mientras intentábamos trepar por ellos.
Es cierto que me alejé físicamente, quizá hasta conscientemente, pero mi corazón no la olvidó y ella nunca se olvida de ti. Siempre está ahí dispuesta a abrirte los brazos si quieres volver.
El año pasado dí el primer paso al acercarme a su arena, sus olas y su mar salada. A su brisa y su rugir; a toda la gama de azules que existe y existirá.
Espérame con el rocío y la arena empapada, con la parte de mí que quedó allí.

lunes, 24 de mayo de 2010

...te vi por alli.

Estaba leyendo esto:


y me pareció verte. Eras uno de esos gorros naranjas que entraban y salían del agua en Lanzarote para luego lanzarse corriendo a una bicicleta. Eras uno de esos ciclistas que cambian la cara de esfuerzo por una sonrisa de satisfacción. Y uno de esos corredores que quizá no haga demasiado buen tiempo en la maratón porque prefiere salir con el compañero de trabajo medio cojo a trotar un poco en vez de terminar a fondo su entrenamiento.

Eras uno de esos, de esas personas que tienen una mente por encima de los demás, de esos que faltan a cientos para cambiar de verdad este mundo. Tú quizá no lo sepas, incluso quizá tuviste un día triste pensando que no lo hacías… pero yo te digo que estuviste allí.

Vendrá un momento, en el que miraré esa foto y saldré corriendo a mirar la clasificación. Vendrá un momento en el que me sentiré muy feliz de ver como un amigo mío terminó. Me sentiré muy feliz porque orgulloso ya no me puedo sentir más.

Tu YA eres un Ironman.

Dedicado a mi amigo Jesús Muñoz.

domingo, 16 de mayo de 2010

...parada de metro

Él se movía cadencioso, simpático, con alguna pose de payaso infantil. Ella tenía sólo una mueca, entre perdida y cansada, mientras observaba a su paladín. Dos frases de presentación de él con una risa forzada al final, carcajada de miserias humanas y penurias de cada día y un acordeón comenzando a sonar.
De inmediato, una pandereta, aquella pandereta de plástico que todos tocamos siendo pequeños, comienza a sonar. Ella la toca produciendo un débil sonido que parece transmitir la poca energía de unos dedos cansados, de un estómago vacio, de una vida maltrecha. Para no caer, se apoya en la puerta más cercana. Él no se cae, pero aguanta los vaivenes con toscos movimientos y un baile torpón, sin perder la sonrisa ni el ritmo de la música...ella, aún con la mirada perdida, parece recordar, o al menos intentarlo, porqué están allí tras una vida, tras cincuenta años de alegrías, penas, y muchas ilusiones rotas.
Él gira, canta y se contonea cuando mi puerta se abre y salgo empujado por una multitud con prisa por llegar a quien sabe donde. Unos ríen, otros corren y algunos hacen bromas de la extraña pareja. Desde fuera se ve como la música cesa y la sonrisa sólo encuentra indiferencia. Me voy pensando que esta vez hubiera merecido la pena perder mi parada para poder haberles dado una limosna.

...carrera matinal

La luz de las farolas va marcando el camino de un juego rítmico alternando con la oscuridad que provocan los árboles. Al fondo, otra calle más, desierta. El sonido de la cadencia de tu pisada se acopla ritmicamente con la presión que provocan los latidos del corazón. Una lluvia que parece seleccionada para la ocasión, suave, tenue; refresca prácticamente sin mojar. Miras al frente sin ver nada, sólo el objetivo que tienes en tu interior.
Toca acelerar, aprietas los  brazos, relajas la mandíbula y tratas de seguir respirando más y más. El cuerpo hoy reacciona suave, dinámico, como un reloj bien engranado. Aceleras aún más.
El sudor recorre la frente mientras abre un surco caliente entre la fina capa de gotas que la lluvia se encargó de depositar en la cara. El corazón late fuerte, el aliento se entrecorta, aparece una sonrisa porque las piernas siguen respondiendo.
El amanecer comienza a saludar, y las farolas, obedientes, ceden el espacio de luz a los primeros colores del alba. El agua aún acaricia, el dolor no llega, sólo algún vehículo rompiendo la sinfonía de pasos y jadeos.
Libertad, alegría. Recuerdos para ella que siempre está ahí, haciéndote volar, creyendo en ti.
Tiempo de recuperar, de volver al cuerpo a su estado inicial, de reposar en la mente todo lo vivido. De saludar un nuevo día empapado en agua, sudor y felicidad.