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jueves, 15 de septiembre de 2011

...velocistas


Hay velocistas esplendorosos. Su amplia zancada emula a los guepardos mientras acarician el suelo en algo muy parecido a un vuelo rasante. Sus músculos parecen salir de su cuerpo, generar potencia infinita a un ritmo en el límite del impulso eléctrico. No hay señales conscientes, solo un patrón inconsciente que lleva al límite esa fantástica capacidad. Son perfiles poderosos, avasalladores, explosivos. La vida en la élite es corta pues el cuerpo tiene más límites de los que ellos aprecian en su lucha contra el cronómetro y la competencia es brutal. Miradas desafiantes en la línea de salida. Juegos de egos enfrentados para obtener una milésima de ventaja que pueda ser crucial. Algunos consiguen hacer de su carrera un camino de lucro y éxito y con suerte mantienen los réditos durante un periodo importante de su vida. La mayoría no. Acaban enfrentándose a otros ritmos de vida, carreras mucho más largas, de fondo, molestas y desconocidas para estos corredores de alta velocidad.
En la vida siempre he preferido las carreras de ritmo sostenido. Aquellas que dan tiempo a chequear tu interior y regular los esfuerzos. Aquellas  donde el crecimiento es continúo y no depende de la explosividad de un momento de gloria. Muchas veces he visto a velocistas pasarme como ciclones mientras miraban para atrás con esa zancada primorosa, mientras mi ritmo continuo, de aspecto cansino y poco estético quedaba muy muy atrás.  A la mayoría los encontré en el camino, lesionados en su ego, absortos tras perder su grácil estilo, desorientados al ver que trataron de correr la carrera de su vida apostando todo sólo a nueve segundos de gloria y olvidando lo demás.  Traté de hacerles ver que la meta estaba mucho más allá.

jueves, 14 de julio de 2011

...controlando la alucinación

Pasa el tiempo y sigo soñando. Tan esperanzador como preocupante. Mantener una visión donde la acción no llega acaba probablemente transformándose en una alucinación. Es la parte preocupante. La parte esperanzadora es que, lentamente, con pies tan rígidos como los de una figura de hormigón, se siguen dando pasos hacia delante. El sueño no decae, aparece nítido y muestra otra realidad, como buen sueño que se precie. Una realidad diferente pero tan natural como la que vivo. Posiblemente otra vida en otro lugar que quiero “recordar”, o traspasar a esta. No quiero sustituir, quiero integrar. Sigo soñando que podemos, que cada uno de nosotros puede. Que ese vacío no es un trozo perdido sino más bien uno que rellenar. He comenzado pensando en el fin sin conocer los medios. Ahora van llegando los medios y todo conspira hacia un fin. Entre medias un ego que intento mantener animado como un peón responsable pero dócil para que no interfiera allí donde la razón no llega y la emoción toma el control. Sigo soñando que un sueño que tuve se hace realidad… abro los ojos y sigo viéndolo, ¿será que ha llegado?

martes, 26 de abril de 2011

...escala seguro con valores

Los valores serían para el ser humano como aquellos anclajes que usa el escalador para ir asegurando su discurrir en la conquista arriesgada de una pared escarpada. Esos anclajes a los que va atando la cuerda que lo mantiene asegurado a la vida, la que le da la tranquilidad de dar un paso más en la dirección deseada. Mucho se ha escrito sobre los valores, y también muchos los intentos de encontrar un ramillete de valores fundamentales que fueran los que aglutinaran los más adecuados para el desarrollo correcto de una persona y su crecimiento vital en la búsqueda de su misión, pero no es tarea sencilla de conseguir. El mismo acto de enjuiciar los valores como positivos o negativos ya está destruyendo la esencia de los mismos, porque es una calificación realizada desde la opinión, y eso ya incluye una subjetividad importante. Lo que sí se puede determinar es que según sean tus valores, así serán las posibilidades de conseguir anclajes seguros en los pasos que vayas dando en tu vida. Por seguir con el ejemplo, si quieres subir a una montaña pero solo dispones de anclajes para no ir a la deriva cuando te encuentres en el mar, el esfuerzo será inútil. Es decir, debemos alinear nuestros valores con nuestros objetivos, y si descubrimos que nuestros objetivos deben cambiar, debemos también quizá trabajar en potenciar otro tipo de valores que nos permitan asegurar el paso en el nuevo sendero por el que escalar.
Debo decir que los anclajes fundamentales en el camino de la superación de barreras y la adquisición de nuestros objetivos, bajo mi punto de vista, son los siguientes:
-          Responsabilidad: Soy el responsable de todo lo que me ocurre o al menos (y no es menos importante, sino todo lo contrario) de la manera en que me afecta todo lo que me ocurre.
-          Voluntad: Cuando la motivación decae (incluso en tareas que nos gustan y nos darán satisfacciones de futuro) la voluntad nos permite dar el siguiente paso.
-          Respeto: Implica aceptación. El respeto más importante es el que siento por mí mismo. El segundo, el que siento por los demás. Si acepto la diversidad, mis defectos y mis virtudes, podré tomar distancia y renovar las fuerzas para seguir avanzando.
-          Humildad: Si el respeto te lleva a no sentirte inferior a nadie, la humildad te equilibrará para tampoco sentirte superior. La mejor perspectiva para caminar por este mundo es mirar a todos a su misma altura.
Aparte de estos valores, hay otros también muy importantes que pueden aportar unas cualidades extras para llegar al final de cualquier recorrido por mi escarpado que parezca inicialmente, son aquellos que nos aportan toda la energía que los otros nos pueden dar y que, como suele ser habitual, nos llega después de que nosotros hayamos compartido la nuestra. Son los siguientes:
-          Bondad. Es la inclinación a hacer el bien. Más allá de servidumbres implica el dominio de los valores anteriores.  Hacerlo sin esperar nada a cambio supone la mayor inversión para el éxito.
-          Solidaridad. Es el sentimiento de participación en metas con objetivos comunes para un grupo de personas. La solidaridad aporta pertenencia y vínculo, revierte en energía vital para afrontar nuestras propias misiones y da una nueva perspectiva de los problemas individuales, minimizándolos
Aférrate a estos valores y sigue avanzando con la tranquilidad de que un resbalón o una dificultad no pondrán 
en peligro tu objetivo final.

(extracto del borrador del libro sobre liderazgo personal)

martes, 19 de abril de 2011

... el potencial ilimitado te espera

Hay un potencial ilimitado en nosotros. Este potencial, que está impoluto cuando nacemos, se va reduciendo conforme nuestra personalidad va "aceptando" las limitaciones que la sociedad, las personas que nos quieren, y sobre todo nosotros mismos nos vamos creando. Estas limitaciones de potencial sobre todo responden en lo más profundo a dos miedos básicos que sufrimos, dos miedos  psicológicos: el miedo al fracaso y el miedo al rechazo.
En el fondo, son esos "no soy capaz de hacerlo", "¿cómo voy a conseguirlo si ahí casi nadie llega?" que nos vamos diciendo, o también esos "es mejor que te olvides de ese proyecto, no vas a conseguirlo" o "¿ser astronauta?, eso es una tontería, dedícate a algo más realista" que nos dicen los demás, muchas veces con la mejor intención, pero coartando nuestras posibilidades.
Podemos llegar donde queramos. De hecho, llegaremos donde tenemos que llegar, sin más. Para ello es necesario marcar nuestros objetivos (ya hablamos de ellos en un post anterior... y aunque confío mucho en vosotros estoy seguro que ni el 2% de los que lo leyeron se paró a escribirlos... y creedme, es clave en el éxito; pero la experiencia dice que a menudo nos gusta escuchar claves para mejorar, pero nos cuesta mucho llevarlas a cabo) , y luego, como menciono en ese largo paréntesis, hay que hacer lo necesario para conseguirlo. Se dice que cuando uno está dispuesto a hacer lo que sea necesario para conseguir su objetivo, normalmente lo consigue sin tener que hacer tanto como imaginaba. Hace sólo un mes, Kobe Bryant, el mejor jugador de baloncesto actual en la NBA, ganador de muchos títulos y muchas veces reconocido como el mejor jugador de la temporada, hizo un partido horrible que llevó entre otras cosas, a la pérdida del partido. Estaba jugando en una ciudad que no era la suya, pero después de la charla de su entrenador, salió a la pista, vacía ya y con los limpiadores por las gradas como únicos espectadores, y estuvo mas de una hora tirando a canasta, en chandal, sólo. Un periodista le mandó un mensaje esa noche preguntándole por qué hacia eso, si era lo más normal tener una mala noche después de tantas noches estelares. Él le contestó con un sms que decía "yo quiero lo mismo que todos quieren, sólo que yo lo quiero más y estoy dispuesto a pagar el precio"
¿Simple, verdad? pues piensa en aquello que quieres hacer. Recuerda que tienes todo el potencial dentro para hacerlo y que si no lo consigues, será tu responsabilidad. ¿qué prefieres, triunfar o reconocer que en el fondo no lo deseas lo suficiente?

Escrito para Capazitados: http://www.capazitados.org/index.php?nota=2599

jueves, 14 de abril de 2011

...el ultimo miedo dejó mi casa

La vida avanza veloz mientras el sol sale despacio. Las luces de los coches dejan estelas centelleantes cuando la luna se despide de todos. Amanece y las puntas de aquellos palacios señoriales se encienden como velas en un apagón al roce de los primeros rayos de luz. Las personas corren por el simple placer de correr; yo también. Y cuanto más corro, mas lenta va mi vida, más tranquila, más pausada. Es como esa cámara que graba a alta velocidad, para que luego todo se pueda ver con una lentitud extraordinaria. Mi corazón cada día late más fuerte, pero más pausado. Mis pulmones cada vez respiran con mas energía, pero menos frecuente. La vida comienza a tener esa perspectiva del niño donde una tarde era un abismo donde el tiempo prácticamente no avanzaba. Tiempo suficiente para convertirse en estrella del fútbol, pirata y ciclista de triciclos a reacción... todo sin tener aún ni que ir a casa a cenar.
El miedo termina en ese momento donde uno no teme que algo tan bueno se pueda acabar. Es él último miedo. Ese que queda cuando todos los demás perdieron su sitio expulsados por la armonía y la felicidad. Cuando ya todo lo bueno copa cada momento, sólo le falta recoger al miedo a que todo acabe; hacer las maletas y salir también por la puerta de atrás. No me quedan miedos morando en la casa de mi felicidad. Alguno que pasa por fuera de vez en cuando se asoma a mi ventana y golpea despacito, pero yo le sonrío y le invito a caminar... a seguir buscando alguien que lo quiera cobijar. La felicidad no se puede vivir dudando de su fecha de caducidad. Es ese miedo es que termina pudriéndola pues cualquier atisbo de sabor amargo nos lleva a justificar que llegó el momento de tirarla y no tomarla más. La felicidad es atemporal. ES. Miro las gaviotas, esa arena dorada de las playas de Estoril una mañana cualquiera y me pregunto por qué hacía solo media hora me costaba tanto despertar para venir aquí a trotar. Seguro que alguno de esos miedos convenció a la pereza y quisieron librarme de esta oportunidad. No me puedo creer que si quiera pudiera dudar levantarme viendo ahora mismo este espectáculo de la naturaleza. No pienses tanto, no pienses cómo es posible que estés tan bien y cuándo se acabará. Siente el latido del corazón, siente la vida que te da, siente que ahora mismo nada puede hacerte daño...sigue dando pasos y disfrutando...

(fotografía de flickr.com "la puesta de sol de europa")

martes, 29 de marzo de 2011

... piscina de cocodrilos

Un día, en una fiesta de un famoso millonario, de repente se paró la música y el anfitrión se dirigió al escenario donde la orquesta amenizaba la velada. Dijo a los asistentes:
- Hola a todos amigos, os tengo que decir que he decidido dar toda mi fortuna, todas mis propiedades y todos mis barcos. Mi vida ha sido larga, provechosa, pero creo que es hora de ceder el testigo y hacer que alguien más joven viva una vida llena de posibilidades. Una vida provechosa.
- Pero esa concesión no será gratuita -siguió diciendo. Para conseguirla, será necesario que uno de ustedes consiga atravesar de punta a punta esa piscina que ven al final del jardín. Por favor, acérquense todos a ella.
- Esa piscina que ven está llena de cocodrilos hambrientos. Quien consiga ir de una punta a la otra, salvando la dificultad de los cocodrilos, habrá demostrado su arrojo, su pericia y su capacidad de superar dificultades, tal como hice yo en mi vida a lo largo de estos años, y será merecedor de mi fortuna.
Se hizo un profundo silencio entre los asistentes, que en ese momento ya rodeaban todos la piscina, con mucho cuidado de no asomarse demasiado, pero viendo claramente los cocodrilos atravesar de lado a lado una y otra vez, pero nada ocurría... y pasaron unos minutos.
De pronto, alguien con su traje se lanzó repentinamente a la piscina desde uno de los extremos. Comenzó a nadar y los cocodrilos se avalanzaron sobre él. Luchó, se movió lo más rápidamente que pudo, esquivando a los cocodrilos, apoyándose en sus lomos para impulsarse aún más... sintiendo como sus colmillos a veces conseguían destrozar trozos de su traje de gala. Siguió peleando, sumergiéndose y luego emergiendo con fuerza, apartándose a los cocodrilos, hasta que consiguió llegar al otro extremo y salir extenuado de la piscina. La ovación de todos los asistentes sólo era comparable a sus gestos de profunda admiración por la hazaña. El millonario le hizo gestos para subir con él al escenario, y él, aún jadeando y cubierto por una toalla que le acababan de dar, subió al mismo.
- Ha sido impresionante -dijo el millonario-, es usted digno merecedor de toda mi fortuna. Dígame, ¿ cuándo quiere que hagamos el traspaso de mis propiedades a su nombre?
- Si le digo la verdad, no sabría muy bien que hacer con tantas mansiones, soy una persona humilde y vivo tranquilo en mi casa, me siento feliz y no necesito nada más grande ni lujoso - contesto el  aún exhausto vencedor.
- Está bien caballero, en ese caso: ¿A qué cuenta quiere que destine toda mi fortuna? -le consultó el millonario.
- No se preocupe, tengo un buen trabajo y no necesito más dinero, si le parece bien, déselo a otro, yo no lo quiero -dijo de nuevo el héroe de aquella velada.
- Me tiene usted impresionado por su postura filantrópica tras haber realizado tanto sacrificio - contestó el millonario. De todas maneras, dígame al menos ¿Dónde debo amarrar toda la flota de barcos que ahora le cedo?
- Disculpe si esto le ofende, pues no es mi intención, pero realmente no querría sus barcos. Soy hombre que con una puesta de sol desde una costa cualquiera siente la mayor de las alegrías, y prefiero seguir disfrutándolo de esta manera. Lo otro sería demasiado, no me sentiría yo mismo- contestó de nuevo el intrépido nadador.
- Está bien -contestó el millonario anfitrión. Entiendo que quizá no he sabido ofrecerle algo para lo que su valía merece, pero un hombre como usted, después de tamaña hazaña deseará alguna cosa. ¿Dígame por favor, ¿cuál es su mayor deseo?, ¿qué es lo que más quiere?

- Me encantaría saber quien ha sido el hijo de puta que me ha empujado a la piscina.

Moraleja: Algunas veces para darnos cuenta de todas nuestras tremendas capacidades necesitamos un empujoncito, aunque venga a veces de un hijo de puta.




(fotografia de podestecuenta.blogspot.com)

miércoles, 5 de enero de 2011

...Coaching: pastillas para soñar

Esta sociedad es implacable, avasalladora. Define con precisión milimétrica su estrategia de avance y todos los corderitos seguimos pacientemente el sendero que nos lleva a una nueva granja donde estar a gusto un ratito más... hasta que interese movernos a otra granja diferente...y nosotros, obedientes, educados...y felices incluso! Hay como en todo excepciones maravillosas que confirman la regla, pero se venden como apestados mas que como triunfadores, pues el triunfo ya nos enseñaron a valorarlo con ceros y no con besos o abrazos.
Esta claro que somos muchos, pero muy torpes también. Aceptar la tiranía de unos cuantos por mucho que venga envuelta en un fieltro de regalo y un lacito encima no dice mucho positivo de las hormigas obreras que somos la mayoría. Aceptamos el problema y luego compramos la solución que ellos mismo nos venden. Nos provocan el insomnio y luego nos recetan pastillas para soñar. Es el plan perfecto... sobre todo porque nosotros ya olvidamos que antes dormíamos a pierna suelta y ahora nos atiborramos a pastillas.
El coaching me apasiona cuanto más lo descubro, y veo en él una vía genial para ayudar a las personas cuyo interior les llama a la puerta pero no encuentran la llave para abrirla de par en par y dejarlo fluir. Pero a veces pienso que no es mas que una pastillita más que esta sociedad se acaba de inventar, una nueva pastilla para soñar.
No hablo del coaching mas "operativo" (enseñar a organizarte mejor, a planificar, técnicas de productividad)... eso ha existido toda la vida pero no le dábamos un nombre tan "cool". Me refiero a ese coaching que ayuda a la persona a entender sus inquietudes internas y a desarrollarlas y desarrollarse como persona para alcanzar un estado de felicidad y paz interior. Sí... la sociedad ha incorporado una profesión que se encarga de resolver un grave problema que la propia sociedad ha creado, la insatisfacción profunda del ser humano en el contexto social actual. ¿Divertido, verdad?... , quizá no mucho, pero admitamos que tiene un punto maquiavélico que casi provoca admiración.
Pues nada, si alguien tiene que hacerlo, al menos que lo hagan personas que realmente sientan la vocación de ayudar, de proporcionar algo mejor a esas personas desorientadas en el contexto actual y no solo de llenarse los bolsillos con una profesión de lo más elitista a veces. Pero sobre todo, ojalá que les expliquen que están tomando pastillas contra una enfermedad que no existía hace unos años, y que no es culpa ni de la mayor esperanza de vida ni de los nuevos tiempos... es culpa de unos señores que viven sin estres compartiendo fortunas y jugando a las batallitas con una sociedad demasiado conducida y asfixiada con maestría. Apretando lo suficiente para seguir haciéndonos empujar con fuerza pero suficientemente poco como para que no reaccionemos y nos sublevemos a todo.
Se puede ahorrar mucho dinero en pastillas y, sobre todo mucha amargura, mirando hacia dentro y parando esa corriente de mensajes que bombardean nuestra cabeza. Valorando una caricia por encima de un coche deportivo y una hora sentado mirando al mar por encima de la última consola de videojuegos. Valorando una buena conversación más que salir en televisión a costa de tu dignidad. Valorando una mirada más que unas tetas de silicona Valorando lo que soy por encima de lo que tengo (pero por favor, sin usarlo para un anuncio de relojes que no pienso comprar... no sigáis jugando con nosotros).

martes, 30 de noviembre de 2010

...coaching en "el clásico" de fútbol

Guardiola y Mourinho . Reuters
Ayer los dos equipos llegaban como si estuvieran en igual situación. Es mérito de sus entrenadores. Los dos hicieron parecer lo mismo justo hasta el comienzo del partido, los dos por necesidad y estrategia, aunque con motivos muy diferentes.
Uno, llegado hace poco y con tremendas urgencias, necesitaba aglutinar egos insatisfechos, anteriormente derrotados, y conformar un equipo sólido. Para ello, insufló seguridad, autoconfianza y hasta cierta estridencia para marcar un estilo que contagiar, para crear un bando, una sola misión, un gran desafío en el que todos ir a una. Era tal la urgencia, que tuvo que lanzar y lanzar mensajes que no hicieran otra cosa sino crear una autoestima colectiva positiva, aunque como vimos ayer, inestable.
El otro, con el tiempo anterior suficiente para conformar un estilo consolidado y con el que había alcanzado la excelencia, sólo tenía un objetivo que alcanzar con su grupo, posiblemente el más difícil en el mundo del deporte (y en el profesional... y en la vida): mantener el nivel de compromiso y de ilusión cuando has conseguido todo aquello que un día te marcaste conseguir. Para ello, aprovechó a la perfección los mensajes que desde la esquina contraria el entrenador con urgencias lanzaba al exterior y lo convirtió para los suyos en aquello que más necesitaría para afrontar de nuevo un año de compromiso y de duro trabajo. Encontró el desafío. Y supo gestionarlo con maestría, manteniendo el estilo marcado para él y para los suyos, para todo aquel que pueda reflejarse en su figura. Humildad pero seguridad en las propias capacidades. Disfrute a través del sacrificio. Aprovechamiento del talento desde una vertiente humana. Respeto profundo al rival como la mejor manera de encontrar el respeto para uno mismo. Encontrar cada día nuevos motivos para sentir que una victoria es un paso más hacia la gloria y la excelencia.
Los resultados, a día de hoy son evidentes. Quizá pudiera parecer que hay un claro vencedor y un claro derrotado, y sólo lo es así, pero sólo en parte... mucho menos de lo que parecía. Del vencedor, nada que decir, un paso más en una gestión perfecta de un grupo privilegiado. Una propuesta de trabajo inicial a través del disfrute mediante compromiso y con el objetivo de la excelencia en el juego, y posteriormente una consolidación del nivel de competencia y de la motivación mediante desafíos nuevos que ha sabido gestionar dándoles la suficiente importancia como para que resultasen fundamentales en la vida de su grupo. Del vencido, seguramente un punto de reflexión para los suyos y un nuevo desafío de coach en la gestión del talento, de los miedos, de la confianza ante el eterno rival. Pero creo que es justo decir también que el riesgo tomado inicialmente por éste último, y la estrategia basada en duro trabajo y quizá cierta agresividad del mensaje ha provocado una revolución en el equipo que no descarta un gran desempeño para el resto de temporada... si el coach consigue mantener unido los egos, le da estabilidad a una autoestima positiva para el equipo y, sobre todo, consigue recuperar una autoconfianza que seguramente hoy no es más que un profundo mar de dudas.