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miércoles, 11 de abril de 2012

...buscandole un sentido

No sé qué sientes.. solo sé que no es lo que te gustaría sentir. La vida se empeña en ponernos a prueba mientras las personas nos empeñamos en decir que todo sucede por una causa. ¿Es que la causa final es simplemente pasar pruebas? Y entonces: ¿quién dejar de vivir? ¿aquel que no se atreve a pasarlas? ¿aquel que desde el principio buscó la salida más fácil para evitar encontrarse con ellas...aunque eso sea totalmente imposible?

Pues no. Nadie se libra. Todos estamos obligados a vivir. Es sólo que nuestro corazón es el que nos da la vida y también el dolor. No vivimos por el corazón de otro, ni tampoco sufrimos al mismo nivel que éste pueda sufrir, aunque lo queramos con locura. Quizá por fortuna, por la fortuna de no acumular corazones y pruebas y sufrimientos, quizá un respiro que nos dieron... vivir solamente una vida, y no la de los demás,  por muchas pruebas únicas que nos tenga reservada.

El corazón sigue latiendo y nosotros decidimos. El dolor es imposible de evitar cuando viene, pero sí podemos evitar el sufrimiento. Sufrir es atender a un dolor y tratar de buscarle su sentido. Es como mirar a los ojos de un niño y pretender conocer lo que piensa. Sufrir es una opción. Optemos por no sufrir.

Todo parece tan similar, pero es tan diferente. Yo sólo sé que tengo la solución para hoy. Para mañana... quizá también. Para pasado mañana.... ¿es que llegará alguna vez? Seguiremos el plan marcado y diremos que todo ocurre por una causa. Si eso no fuera así, quizá simplemente no acertamos a encontrar la causa correcta. Tal vez, en algún lugar, alguien ríe abiertamente mientras lanza unos dados con tu cara y la mía. No me importa seguir danzando con forma cúbica al ritmo que él me mande, siempre que de vez en cuando tu cara de as choque durante un instante con la mía.

miércoles, 5 de octubre de 2011

...un nuevo día

algunos sueñan con ser dioses haciendo a otros esclavos
Mañana habrá un nuevo día. El sol aparecerá desde el puerto de Málaga (a los que ahora vivimos por aquí) y nos enseñará, inmutable, que fue pionero en reinventarse tras 24 horas de existencia. En el fondo, todos sabemos que no es así, y somos nosotros los que fingimos cada mañana descubrirlo de nuevo, sentirlo llegar, mientras somos también los que nos movemos respecto a él. Las noticias que hoy me han llegado no cambiarán esta percepción. Hoy he disfrutado del mar, he sentido la brisa en la cara, he sido feliz. También a la tarde, ya cuando las conversaciones deben hacerse con la luna pues el sol calienta a otros en poniente, he tenido que percibir cosas que, a priori, suponen cambios. Es difícil frenar la vocecita que busca recursos para asustarse y asustar, porque ella actúa mucho más veloz que ese mastodonte de andares lentos como el elefante que es nuestra conciencia. Pero no tengo miedo. He llegado aquí construyendo un futuro en fotogramas diarios que siempre encontraron el mejor momento y el mejor escenario para ponerse en acción. La vida siempre ha conspirado a mi favor incluso cuando yo había perdido la fe y pensaba que quizá lo hacía en mi contra. Las personas que piensan que juegan con mi destino no terminan de saber que sólo hay un director en este escenario, ni siquiera se han dado cuenta que son meros actores de reparto. Impresionan al público a veces, pero el director como mucho sólo puede lamentar esa manía de sobreactuar buscando poder donde sólo pueden destilar debilidad.
Hola la luna me ha dicho que no sabe qué pasará mañana, pues en el camino no se encontró con el sol para sacarle alguna información. Yo sólo puedo decirle a la luna que no se preocupe, que yo le garantizo lo que pasará mañana. Un nuevo día. Por mucho que algunos quisieran controlar eso... no pueden.

Yo prefiero vivirlo. Aceptarlo como venga. Imaginar esta noche como quiero que sea. Aceptarlo como venga.

Imagen de haciendofotos.com

martes, 20 de septiembre de 2011

...cien


                Cien veces recordando que lo hacía sólo por mí. Tantos otros momentos de felicidad pensando que quizá lo hacía también por los demás. Un centenar de miradas hacia adelante y tantas otras recordando hacia atrás. Diez decenas de ilusiones puestas en negro para poderlas compartir en un mar donde no sólo los grandes patrones pueden navegar. Cien que empezó con un uno decidiendo como siempre ¿Cómo se tendrá que llamar? Centenario que no predice una muerte que se acerca sino poco menos que una joven pubertad. Cien reflejos de escritores, filósofos y profetas que no dejaron más que un deseo de un aprendiz de barrio del Sur. Muchas maneras de decir que sigo creyendo en creer y que no me convence rendirme ni de mí ni de nadie más. Cien pasos en una montaña que vista ahora desde aquí descubre su verdadero cometido, mostrarme que hay muchas montañas cercanas a las que todavía llegar. Cien y cien y algunos miles de agradecimientos a esas personas que un día decidieron leer lo que un loco, sin miedo como todos los locos, se atrevía a gritar. Número que no significan nada salvo la marca que dejan en ese paseo por los miedos, las esperanzas y los sueños que  quedaron marcados en ese parque que se ve desde la puerta de atrás. Un canijo y dos barriletes puestos en fila esperándome para hablar y hablar y hablar sin parar. Cien deseos de extender un solo y único estado de felicidad. El post número 100 de esas vueltas a la cabecita loca de uno al que olvidaron despertar a la realidad.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

...esperar


Esperar es ingrato. Uno se queda ahí, a las puertas de algo que tiene previsto hacer, y el momento no llega. Buscamos alternativas para que ese tiempo pase sin que nos demos cuenta, lo más rápido posible. Una revista, un vistazo al móvil, o darle dos vueltas más a aquel asunto que ya nos iba apareciendo en nuestros pensamientos cuando aún veníamos de camino. ¿Qué tiene ese rato que lo hace tan inútil? ¿Lo es por inesperado, por aparecer justo cuando menos apetece, por no avisar y sorprendernos sin nada previsto para llenar el vacío...?
Y si ese fuera el momento. Ese momento que esperábamos para tener nuestra gran idea. Ese espacio de tiempo donde dejar la mente en blanco y conectar con ese pobre cuerpo que nos acompaña siempre, a pesar de nuestra indiferencia. Esa oportunidad de conocer a las personas, a esas personas anónimas que por el simple hecho de llamarse así ya no merecen mucha más atención. Y si fuera el momento que el destino nos ha ofrecido para cambiar nuestra vida… o quizá estabas esperando a que ese momento fuera avisado con luces de neón para no dejarlo escapar. No malgastes un segundo. Son todos igual de válidos. Las experiencias que decidamos afrontar y disfrutar en esos momentos serán las que además de válidos los harán especiales. 

jueves, 14 de julio de 2011

...controlando la alucinación

Pasa el tiempo y sigo soñando. Tan esperanzador como preocupante. Mantener una visión donde la acción no llega acaba probablemente transformándose en una alucinación. Es la parte preocupante. La parte esperanzadora es que, lentamente, con pies tan rígidos como los de una figura de hormigón, se siguen dando pasos hacia delante. El sueño no decae, aparece nítido y muestra otra realidad, como buen sueño que se precie. Una realidad diferente pero tan natural como la que vivo. Posiblemente otra vida en otro lugar que quiero “recordar”, o traspasar a esta. No quiero sustituir, quiero integrar. Sigo soñando que podemos, que cada uno de nosotros puede. Que ese vacío no es un trozo perdido sino más bien uno que rellenar. He comenzado pensando en el fin sin conocer los medios. Ahora van llegando los medios y todo conspira hacia un fin. Entre medias un ego que intento mantener animado como un peón responsable pero dócil para que no interfiera allí donde la razón no llega y la emoción toma el control. Sigo soñando que un sueño que tuve se hace realidad… abro los ojos y sigo viéndolo, ¿será que ha llegado?

martes, 29 de marzo de 2011

... piscina de cocodrilos

Un día, en una fiesta de un famoso millonario, de repente se paró la música y el anfitrión se dirigió al escenario donde la orquesta amenizaba la velada. Dijo a los asistentes:
- Hola a todos amigos, os tengo que decir que he decidido dar toda mi fortuna, todas mis propiedades y todos mis barcos. Mi vida ha sido larga, provechosa, pero creo que es hora de ceder el testigo y hacer que alguien más joven viva una vida llena de posibilidades. Una vida provechosa.
- Pero esa concesión no será gratuita -siguió diciendo. Para conseguirla, será necesario que uno de ustedes consiga atravesar de punta a punta esa piscina que ven al final del jardín. Por favor, acérquense todos a ella.
- Esa piscina que ven está llena de cocodrilos hambrientos. Quien consiga ir de una punta a la otra, salvando la dificultad de los cocodrilos, habrá demostrado su arrojo, su pericia y su capacidad de superar dificultades, tal como hice yo en mi vida a lo largo de estos años, y será merecedor de mi fortuna.
Se hizo un profundo silencio entre los asistentes, que en ese momento ya rodeaban todos la piscina, con mucho cuidado de no asomarse demasiado, pero viendo claramente los cocodrilos atravesar de lado a lado una y otra vez, pero nada ocurría... y pasaron unos minutos.
De pronto, alguien con su traje se lanzó repentinamente a la piscina desde uno de los extremos. Comenzó a nadar y los cocodrilos se avalanzaron sobre él. Luchó, se movió lo más rápidamente que pudo, esquivando a los cocodrilos, apoyándose en sus lomos para impulsarse aún más... sintiendo como sus colmillos a veces conseguían destrozar trozos de su traje de gala. Siguió peleando, sumergiéndose y luego emergiendo con fuerza, apartándose a los cocodrilos, hasta que consiguió llegar al otro extremo y salir extenuado de la piscina. La ovación de todos los asistentes sólo era comparable a sus gestos de profunda admiración por la hazaña. El millonario le hizo gestos para subir con él al escenario, y él, aún jadeando y cubierto por una toalla que le acababan de dar, subió al mismo.
- Ha sido impresionante -dijo el millonario-, es usted digno merecedor de toda mi fortuna. Dígame, ¿ cuándo quiere que hagamos el traspaso de mis propiedades a su nombre?
- Si le digo la verdad, no sabría muy bien que hacer con tantas mansiones, soy una persona humilde y vivo tranquilo en mi casa, me siento feliz y no necesito nada más grande ni lujoso - contesto el  aún exhausto vencedor.
- Está bien caballero, en ese caso: ¿A qué cuenta quiere que destine toda mi fortuna? -le consultó el millonario.
- No se preocupe, tengo un buen trabajo y no necesito más dinero, si le parece bien, déselo a otro, yo no lo quiero -dijo de nuevo el héroe de aquella velada.
- Me tiene usted impresionado por su postura filantrópica tras haber realizado tanto sacrificio - contestó el millonario. De todas maneras, dígame al menos ¿Dónde debo amarrar toda la flota de barcos que ahora le cedo?
- Disculpe si esto le ofende, pues no es mi intención, pero realmente no querría sus barcos. Soy hombre que con una puesta de sol desde una costa cualquiera siente la mayor de las alegrías, y prefiero seguir disfrutándolo de esta manera. Lo otro sería demasiado, no me sentiría yo mismo- contestó de nuevo el intrépido nadador.
- Está bien -contestó el millonario anfitrión. Entiendo que quizá no he sabido ofrecerle algo para lo que su valía merece, pero un hombre como usted, después de tamaña hazaña deseará alguna cosa. ¿Dígame por favor, ¿cuál es su mayor deseo?, ¿qué es lo que más quiere?

- Me encantaría saber quien ha sido el hijo de puta que me ha empujado a la piscina.

Moraleja: Algunas veces para darnos cuenta de todas nuestras tremendas capacidades necesitamos un empujoncito, aunque venga a veces de un hijo de puta.




(fotografia de podestecuenta.blogspot.com)

domingo, 9 de enero de 2011

...24 km de conversación

Vaya, parece que no llueve y hasta hace un poco de sol. No tengo muchas excusas para no salir aunque ganas si que tengo pocas. Venga, vístete y estira un poco. Vamos allá, a ver cómo estoy que hace mucho que no corro un tramo largo de verdad. Las piernas van respondiendo bien, y el pulso no se acelera, esto pinta genial. Hace mucho que no iba tan suave. ¿A que no te atreves a hacer hoy veinticuatro kilómetros, tú que nunca has hecho más de veintiuno? Venga, te sientes bien, inténtalo que hoy creo que podrás. Primer kilómetro cumplido. Solo uno, quedan veintitrés, y este era cuesta abajo! Demasiado para mi cuerpo, no? Anda, venga, como el amigo de Momo, ese que limpiaba cientos y cientos de metros de calles con asombrosa facilidad. Al final es sólo centrarte en la siguiente baldosa, como si no hubiera ninguna más, y luego otra, y otra. No pienses más allá... solo corre y sigue disfrutando cada paso.
Pues sí, me siento bien y ya van siete kilómetros. El fresco de la mañana se deja notar en mi cara y mi camiseta sudada, casi da un poco de frío, pero es lo mejor para seguir corriendo. Tómate un gel y sigue disfrutando. Por aquí no había venido nunca, los árboles y ese suelo tupido de verde gracias a las últimas lluvias lo han dejado espectacular. Algún día me compraré zapatillas de montaña para correr por ahí, pero ahora concéntrate y disfruta del paisaje. Como decía Jesús, no te olvides de sonreír.
Kilómetro diez y ni asomo de dolores. Ritmo bajito, sí, algunos me pasan rápidos, pero mi pelea no es con ellos. No es con nadie. Es sólo conmigo. Con ese chico que hace algo más de un año se cansó de poner excusas para hacer deporte y de soportar dolores en sus tendones y músculos. Hoy ni me reconozco.
Todo sigue fluyendo con mucha facilidad y tras este repecho voy a llegar al kilómetro doce! Parece que no funciona el podómetro. Bueno, da igual. Si deshago el camino y llego a casa haré los veinticuatro. Pero hoy estoy muy bien, ¡hoy haría cuarenta! Calma campeón que ahora viene lo duro, dentro de poco tendrás que ir empujando hacia delante ese muro de ladrillo invisible que define tus límites. Kilómetro dieciséis. Hace meses que no corro más de quince. Es genial. Me sale una sonrisa casi sin querer. Soy un privilegiado, aquí corriendo, ensimismado en mí y este ritmo de zancada. Sin problemas, sin preocupaciones. Disfrutando de esta maravilla de mañana y este paisaje alrededor. ¡Cuántas personas no pueden correr, ni siquiera caminar! Y cuantas muchas pueden hacer esto y mil cosas más pero no saben disfrutar de todo aquello que les puede aportar. Kilómetro veinte. Apuro el gel de glucosa y el agua. Estoy a solo uno de mi límite de siempre, pero me encuentro bien. Es emocionante. Otra oportunidad de hacerte más fuerte, de superar tus miedos, las barreras que tu cabeza te marca. Si haces estas cosas puedes hacerlo todo. Todo depende de ti. Todo lo que imagines y le pongas voluntad puedes hacerlo. Todo.
Kilómetro veintidós! Muy bien. ¡Lo has conseguido! No sé si es el frío, pero tengo los vellos de punta. Disfruta. No dejes de disfrutar. Sonríe. Inspira y disfruta el momento, pero recuerda que no has terminado aún, puedes más. Solo queda el final. Esas tres pendientes suaves pero que ahora quizá te cuesten. Y tu decías que harías cuarenta. Fanfarrón. Duele un poco el tendón de Aquiles, pero tú no le hagas caso, es un viejo conocido, un poco gruñón, pero hoy no podrá impedir nada. Lo vas a conseguir.
No te aceleres por la emoción. Hoy no se trata de ir rápido, se trata de llegar. Último giro y ahí está mi casa. Genial. ¡Genial! Sonríe y disfruta esos veinticuatro kilómetros. A ver, dos horas y cincuenta y tres minutos. Je,je. No has batido ningún récord pero ¿qué mas da? lo que has conseguido es aún mas importante que eso. Hoy me voy a la ducha pensando que los límites no existen cuando le pones ilusión, voluntad y constancia. Y que es fantástica la sensación de ir haciendo camino hacia ellos, paso a paso. Una nueva lección impagable. Esto no se queda en mi cabeza, en cuanto llegue lo escribo en el blog.