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miércoles, 5 de octubre de 2011

...un nuevo día

algunos sueñan con ser dioses haciendo a otros esclavos
Mañana habrá un nuevo día. El sol aparecerá desde el puerto de Málaga (a los que ahora vivimos por aquí) y nos enseñará, inmutable, que fue pionero en reinventarse tras 24 horas de existencia. En el fondo, todos sabemos que no es así, y somos nosotros los que fingimos cada mañana descubrirlo de nuevo, sentirlo llegar, mientras somos también los que nos movemos respecto a él. Las noticias que hoy me han llegado no cambiarán esta percepción. Hoy he disfrutado del mar, he sentido la brisa en la cara, he sido feliz. También a la tarde, ya cuando las conversaciones deben hacerse con la luna pues el sol calienta a otros en poniente, he tenido que percibir cosas que, a priori, suponen cambios. Es difícil frenar la vocecita que busca recursos para asustarse y asustar, porque ella actúa mucho más veloz que ese mastodonte de andares lentos como el elefante que es nuestra conciencia. Pero no tengo miedo. He llegado aquí construyendo un futuro en fotogramas diarios que siempre encontraron el mejor momento y el mejor escenario para ponerse en acción. La vida siempre ha conspirado a mi favor incluso cuando yo había perdido la fe y pensaba que quizá lo hacía en mi contra. Las personas que piensan que juegan con mi destino no terminan de saber que sólo hay un director en este escenario, ni siquiera se han dado cuenta que son meros actores de reparto. Impresionan al público a veces, pero el director como mucho sólo puede lamentar esa manía de sobreactuar buscando poder donde sólo pueden destilar debilidad.
Hola la luna me ha dicho que no sabe qué pasará mañana, pues en el camino no se encontró con el sol para sacarle alguna información. Yo sólo puedo decirle a la luna que no se preocupe, que yo le garantizo lo que pasará mañana. Un nuevo día. Por mucho que algunos quisieran controlar eso... no pueden.

Yo prefiero vivirlo. Aceptarlo como venga. Imaginar esta noche como quiero que sea. Aceptarlo como venga.

Imagen de haciendofotos.com

viernes, 5 de noviembre de 2010

...cada día una nueva vida

Si en muchas ocasiones decimos que la vida de cada persona es en sí todo un universo, creo que también podríamos considerar que un día cualquiera puede ser toda una vida. Marcamos ciclos internos con la referencia de la vida y la muerte como límites infranqueables (no seré yo ahora el que elucubre o teorice sobre aquello que pueda deparar el momento después a esa parte de energía que considero el auténtico ser de cada uno de nosotros), pero igual que los Mayas contaban de doce en doce, y nosotros marcamos nuevos pequeños puntos de reflexión al cumplir años, volver de vacaciones o estrenar nuevo año en el calendario; con actos de fe y renovados votos para nuestra vida, creo que cada día ofrece una fantástica oportunidad, con una periodicidad perfecta para ir viviendo una vida renovada y completa con cada salida del sol.
Si partimos de la base de que cuando somos plenamente conscientes de lo que ocurre en nuestro interior, el tiempo marcado por el reloj deja de ser quién marque el ritmo, y los días vividos en plenitud sentimos que duran más de 24 horas de reloj porque son atemporales (ni que decir sobre los que no vivimos en plenitud… que son directamente interminables) el día puede ser ese periodo suficiente para poner en marcha todo aquello que deseamos hacer.
Es tiempo más que suficiente para comenzar proyectos, para darles un paso más, para afrontar miedos e ir rompiendo con el pasado. Es el periodo perfecto para mirar adelante, saber que hay un camino que nunca te atreviste a frecuentar porque te veías incapaz de hacerlo, y decidir que hoy sí que será el momento de superarlo y dar el primer paso.  Puedes convertirte en un gran deportista rompiendo las fronteras de tus propios límites, las más importantes…también para eso da tiempo de sobra, para hacerlo, y para saborearlo después.
Sí, puedes hundirte en el dolor y la desesperación, puedes levantarte pensando que ese día mejor no vivirlo y deseando que el edredón te envuelva y no te permita salir. También nuestra vida pasa por esos días… quizá a veces merecemos y debemos tenerlos. Pero, ¿por qué más de un día? Tenemos todo un día para lamer heridas, lamentarnos del dolor, pensar en la desgracia y en la mala suerte y todo aquello que necesitemos hasta tener conciencia de qué ocurre en nuestro interior. Luego llega la noche y el universo nos da una nueva oportunidad, un nuevo amanecer, nuevas energías y un mundo alrededor lleno de vida, de alegría y de oportunidad. Lleno de personas que nos quieren y de personas que nos muestran, solo con una mirada, la tremenda fortuna que tenemos de no vivir sus dificultades. Es un momento para mirar al cielo, ver salir el sol, y empezar otra vez, una nueva vida.

martes, 19 de octubre de 2010

...lluvia de otoño

Las gotas de lluvia caen como proyectiles pesados. Las notas golpear tu cuerpo, arrítmicas e incesables. No hacen daño, ayudan. Ayudan a crear una barrera invisible que te aísla aún más de los demás. No sorprende que nadie se interese por ti, ahí tirada en medio de la acera. Hoy en día eso ya no sorprende a nadie.  El nivel de anonimato en el que nos vemos envueltos ha alcanzado cotas bochornosas, nos ha hecho perder la identidad como grupo, como raza; y nos ha sumergido en la más solitaria individualidad. La gente pasa y ni te mira. No se interesa por esa joven tumbada en el suelo, vestida, en posición fetal. No notas dolor, sólo la sensación de que la vida se te escapa. Tus ojos cerrados no son obstáculo para interpretar la escena. Esa quemazón en el estómago, tus manos flexionadas sobre tu pecho y el agua templada empapándolo todo. Tormenta de otoño que parece enviada para una purificación, para una limpieza de alma más necesaria que nunca. No sangras pero sabes que parte de ti se va desprendiendo, fluyendo, abandonando tu ser. Proyectas tu vida y piensas que no es mal final. Algo melodramático, pero apropiado para los últimos acontecimientos… tantas ilusiones rotas y tantos besos entregados, pero más importante aún, un paso más en la confirmación de que nunca encontrarás el puerto soñado donde amarrar, el prado húmedo de rocío donde tenderte y dejar que la humedad purifique tu cuerpo, la vida complementaria que acaba de dar sentido a un vagar de rumbo errático.
Te sientes más cansada, más aún, y los ojos ya no responden, no se obligan a permanecer cerrados… simplemente no pueden abrirse. Algún escalofrío recorre tu cuerpo, totalmente empapado ya por la lluvia de Octubre. El momento se acerca, lo sientes llegar. Justo en ese instante, oyes un susurro que viene de ningún lugar: “es el momento de la renovación…deja atrás el dolor, deja atrás la frustración, es el momento de la renovación”.
Notas que el agua cesa y una cálida caricia del sol llega a tu rostro, lo ilumina. Abres los ojos…miras alrededor y todo está igual, todo es lo mismo… todo menos tú. Bienvenida a tu nueva vida.